miércoles, 6 de junio de 2007

LA CULTURA DE LA MUERTE



John Finnis, el filósofo del derecho condena el aborto.

John Finnis es una persona difícil de encuadrar. Reconocido académico anglosajón y abogado de prestigio internacional en el campo de la filosofía del derecho, su perfil es sumamente bajo. Cuesta creer que el pensamiento de este intelectual, que hace punta en una de las más prestigiosas universidades del mundo, provenga de un hombre tímido, de hablar lento y pausado. Más difícil todavía es pretender encasillarlo ideológicamente, pues no se ajusta a esquemas preconcebidos. Se manifiesta absolutamente en contra del aborto y de la eutanasia, dice que jamás justificaría la tortura ni la desaparición forzada de personas y se declara enemigo acérrimo de la bomba atómica y, en general, de la carrera armamentista nuclear.

"Las consecuencias del individualismo, del egocentrismo, llevan a una cultura de muerte. Esto se está viviendo hoy en Europa. Pocos jóvenes quieren soportar el peso de engendrar y criar hijos, y por eso la tasa de natalidad es negativa. Si no hay muchos matrimonios que estén dispuestos a tener, por lo menos, tres hijos, los europeos van a desaparecer y, por consiguiente, la Unión Europea habrá consumado su fracaso", sostiene.

Ese es John Finnis, quien estuvo en Buenos Aires recientemente, invitado por las facultades de Derecho de la Universidad Católica Argentina (UCA) y de la Universidad Austral, para exponer su teoría moral y debatir sobre cómo debe legislarse en materia de aborto y eutanasia.

Agnóstico converso al catolicismo en su juventud, este australiano de 67 años, padre de seis hijos y abuelo de ocho nietos, es desde hace casi medio siglo profesor de Filosofía Moral, Política y Jurídica en la Universidad de Oxford, y también da clase en los Estados Unidos, en la Universidad de Notre Dame.

-¿Está justificado el aborto cuando se sabe que el feto nacerá con malformaciones severas o en el caso de que la madre haya quedado embarazada como consecuencia de una violación?

-No. Las teorías que justifican el aborto en estos casos son un engaño. Hacen la distinción entre un niño antes de nacer y después de haber nacido, pero también reconocen que cualquier chico sano puede, una vez nacido, enfermarse gravemente y tener un mal pronóstico de vida. Yo les pregunto a quienes justifican el aborto en estos casos: ¿creen que se puede matar a esos chicos que nacieron bien, pero que sufrieron una enfermedad o accidente grave? El caso de la mujer violada que quedó embarazada es terrible, y no cabe duda de que ella sufrió una gran injusticia. Pero, de todas maneras, esta injusticia no se soluciona con otro acto injusto, como es matar al feto que lleva en su seno.

-¿Se justificaría matar intencionalmente a un anciano que sufre y que ya no quiere vivir más?

-No. Quienes proponen la eutanasia suelen afirmar que sólo la justifican en casos de extremo dolor y muerte inminente, pero después también la avalan cuando el dolor es agudo y la muerte no es tan certera, y más tarde también cuando hay bastante sufrimiento. Nunca hay un principio claro y determinante.

-Con todas las facilidades que dan la riqueza y la tecnología, al hombre occidental igualmente se lo ve insatisfecho. ¿Dónde se encuentra el secreto de una vida feliz?

-El término "felicidad"no me parece el más apropiado. Prefiero hablar de plenitud o realización, pero no en términos individuales, sino en los de aquella plenitud que se experimenta al vivir en comunidad con entrega y generosidad. Buscar la felicidad personal, el disfrute individual, sin tener en cuenta un nosotros es engañoso y su fruto es la desdicha, la tristeza.

-Desde Occidente se ve como una necesidad exportar al resto del mundo este modelo de sociedad materialista, relativista, sin prejuicios morales. La pérdida de valores religiosos ¿es una condición necesaria del progreso?

-Las consecuencias del individualismo, del egocentrismo, llevan a una cultura de muerte. Esto se está viviendo hoy en Europa. La gente quiere autonomía, no quiere ataduras, busca su satisfacción personal ante todo. Lo que ocurre es que pocos jóvenes hoy quieren soportar el peso de engendrar y criar hijos, y por eso la tasa de natalidad es negativa. Si no hay muchos matrimonios que estén dispuestos a tener por lo menos tres hijos, los europeos van a desaparecer y, por consiguiente, la Unión Europea habrá consumado su fracaso. Esta imagen actual de la civilización occidental que se difunde por el mundo probará muy pronto que es capciosa y estéril. Dentro de un siglo, el islam quizá se convierta en la fuerza dominante en Europa, ya que los inmigrantes musulmanes están dispuestos a tener los hijos que los europeos no quieren.

-Usted, que es un católico practicante y fue asesor de Academias Pontificias, ¿no cree que la Iglesia debería actualizar sus enseñanzas en temas de moral sexual? ¿No lo piden los mismos católicos?

-No entiendo por qué la gente espera tanta actualización de contenidos en material de moral cristiana ni entiendo por qué se ataca tanto a Benedicto XVI, calificándolo de rígido y ultraconservador. En los últimos 50 años la Iglesia se involucró en un profundo proceso de reflexión sobre su doctrina moral y adaptó los elementos que se podían y se debían adaptar. Pero este discernimiento teológico y filosófico reafirmó las verdades tradicionales de la Iglesia en temas de moral. Que son las de siempre. No se debe esperar un cambio sustancial en este campo.

-Su postura en estos temas ¿no le hace perder fieles a la Iglesia? ¿Por qué cree que se la persigue?

-Porque la verdad que propone molesta al hombre posmoderno, que no quiere estar sujeto a un orden, a un Dios superior; quiere vivir autónomamente. Es de esperar que se ataque a esta institución, porque lo que dice incomoda y plantea exigencias en el diario vivir. Creo que los cristianos debemos asumir que la indiferencia y la crítica son cruces con las que vale la pena cargar.

-Ser católico hoy es aceptar ser minoría en un mundo cada vez más laicista. ¿Lo vive como un desafío?

-Siempre fue y sigue siendo revolucionario querer vivir en la verdad. Creo que todas las formas de vida que son plenamente humanas y profundamente espirituales son un desafío para el hombre.

-¿Cómo vive usted ser católico en una universidad laica como Oxford? ¿Alguna vez corrió el riesgo de perder su fe por llegar a conclusiones científicas contrarias a sus convicciones religiosas?

-No. Ciencia y fe son totalmente compatibles. Sí, soy una voz minoritaria en mi universidad, pero para mí es un estímulo, porque en el ambiente académico en el que me desempeño existe respeto por las opiniones diferentes. Hay pluralismo y diálogo. Los católicos no deberían tener miedo a trabajar en ambientes agnósticos o seculares. Deberían celebrar la oportunidad de investigar en una universidad de primera categoría, exigente y desafiante en lo científico, y estar dispuestos a interactuar con profesores cuyas ideas sean radicalmente opuestas a las propias. Si existe una atmósfera de intercambio genuino, el diálogo incluso puede fortalecer la fe y las convicciones personales. Lo que colabora para mantener viva la fe es la oración y la vida sacramental. Si eso está, el intelectual no tiene nada que temer.

Por Agustina Lanusse
Para LA NACION

martes, 5 de junio de 2007

USAR EL CELULAR MANEJANDO

Conducta decididamente antisocial. Un 18,5 % de los conductores habla por teléfono mientras maneja su vehículo.

Nuestro medio realizó una observación en la calle. Los resultados revelaron que se hace necesario implementar una campaña de concientización a nuestros vecinos, ¡urgente ¡…

No tendrá el rigor que debe caracterizar a un muestreo con pretensiones de constituirse en una referencia científica, pero el estudio vale como información de que a buena parte de los argentinos no les importa los riesgos que implica conducir un automóvil distraído con una conversación telefónica.

Una conversación que no requiere la misma atención que la que puede mantenerse con el acompañante que va en el vehículo. Está demostrado, y se haría extenso describir ahora las diferencias, que una charla telefónica implica una mayor concentración que una celebrada de manera personal.

Por lo pronto, y con las dimensiones de los teléfonos celulares, se hace necesario andar buscando con precisión que el auricular quede frente a nuestro oído. Después está el esfuerzo por captar con claridad lo que nos dicen, en un sistema telefónico cada vez menos audible. Esto sucede aún con las manos libres, habrá que imaginar cuanto más riesgoso es conducir con una sola mano.

Gracias a colaboradores espontáneos, preocupados también por la conducta de los conductores que puede observarse a simple vista en la calle, ENFOQUES POSITIVOS pudo obtener que hay casi un veinte por ciento de ellos que hablan por su teléfono celular mientras guían un vehículo. 18,5 %, es la cifra promedio, tomada de muestreos en distintos lugares de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires, especialmente en la zona Norte, en horarios diferentes.

Otro dato es que la transgresión es más visible en vehículos costosos, y que la tarea se vio dificultada por la enorme cantidad de automotores de ese segmento, que poseen cristales oscurecidos, los que impiden visualizar su interior.

Esta imposibilidad de ver el interior de los automóviles, está claramente penada en el distrito de la Capital Federal, y ambiguamente considerada en la provincia. De cualquier modo en la Capital los policías casi no molestan a nadie por esa razón. Se trata de una materia discutible, a la hora de considerar la seguridad.

El mismo argumento que podría presentarse ante la no detención en un semáforo ubicado en lugar peligroso.

En fin, el tema merece un desarrollo amplio, exclusivo, pero volviendo a lo de los teléfonos celulares, no hay excusa para su utilización mientras se conduce. Y es evidente, -absolutamente indiscutible-, que la gente se distrae con su uso …

fuente: www.enfoquespositivos.com.ar

sábado, 2 de junio de 2007

EL VALOR DE LA PALABRA

Lluís Foix
La Libreta (en La Vanguardia digital)
04/04/2007

Hace veinticinco siglos, Confucio mantuvo largas conversaciones con sus discípulos chinos hablando del valor de las palabras. Cuando alguien le preguntó qué haría si llegara a gobernar el gran país asiático respondió que escribiría una enciclopedia en la que cada palabra tuviera su significado.

Es el principio básico de toda civilización. Claudio Magris pone en boca del protagonista de su última novela, "A Ciegas", que "sin palabras y sin fe en las palabras no se puede vivir; perder esa fe quiere decir ceder, abandonarlo todo".

Cambiar el sentido de las palabras equivale a una gran catástrofe que puede conducir a horribles tragedias. Lo comprobamos en el siglo pasado cuando la democracia, la libertad y la justicia fueron conceptos que deformaron la realidad.

Shakespeare, que ponía palabras a las pasiones, las traiciones, las grandezas y las vilezas de los humanos, era algo más que el más grande de los dramaturgos. Era un filósofo que todavía hoy nos envía lecciones sobre el comportamiento de las personas.

Cambiar el sentido de las palabras, como dijo Montaigne y más tarde Lewis Carroll, es el primer paso para deformar la realidad. Es una trampa que puede acarrear graves daños para millones de ciudadanos que nos podemos sentir arrastrados por el cambio inadvertido del lenguaje.

"Nosaltres, ben mirat, no som més que paraules", escribía el poeta Miquel Martí i Pol. Las palabras no se las lleva el viento. Pueden circular de un espacio cultural a otro, pero no pueden perder su significado porque corren el riesgo de causar grandes desgracias.

Cuánta violencia se ha perpetrado en nombre de la paz, del bien, de la patria, del orden, de las leyes, del terrorismo. El filósofo Tsvetan Todorov, por ejemplo, desarrolla un interesante discurso sobre cuánto mal se ha cometido en la historia en nombre del bien.

Un niño muerto por una bomba arrojada por un ejército de un país democrático para liberar a una sociedad oprimida por un tirano, sigue siendo una víctima inocente. Que Arnaldo Otegi nos hable de libertad y de democracia es insoportable. Tan insoportable como escuchar a Bush, Blair y compañía cuando pretendían democratizar Oriente Medio a golpe de misiles y bajo el grito "conmoción y pavor" de Donald Rumsfeld.

Copio el fragmento de un diálogo entre Antoine Spire y George Steiner, titulado "La barbarie de la ignorancia", en la que cuenta que en la época de Breznev "había una joven rusa en una universidad, especialista en literatura románica inglesa. La metieron en un calabozo, sin luz, sin papel ni lápiz, a causa de una delación idiota y completamente falsa, ni falta hace aclararlo. Conocía de memoria el Don Juan de Byron con sus más de treinta mil versos. En la oscuridad lo tradujo mentalmente en rimas rusas. Salió de la prisión habiendo perdido la vista, dictó la traducción a una amiga y esa es ahora la gran traducción rusa de Byron. Ante ello, me digo varias cosas. En primer lugar, que la mente humana es totalmente indestructible. En segundo lugar, que la poesía puede salvar al hombre hasta en lo imposible".

Si perdiéramos el sentido y el valor de la palabra volveríamos a la barbarie.



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RELACIONADOS:


Se buscan poetas, Paco Sánchez
http://www.arvo.net/documento.asp?doc=01030503d

Elogio de la palabra, Joan Maragall:
http://www.arvo.net/documento.asp?doc=122738d



Arvo Net, 20/04/2007

lunes, 21 de mayo de 2007

¿POR QUÉ NOS REIMOS?

Para comprender el sentido de la Risa es referencia obligada el libro de Bergson “La Risa”.
El autor ve en la risa cierta insociabilidad del personaje e insensibilidad del espectador. Cuando hay sentimiento o compasión la risa deja de producirse. Es decir la risa brota de un acto de la inteligencia y no del sentimiento. La risa corrige la insociabilidad y flexibiliza al personaje para hacerlo entrar en sociedad, según Bergson.

Aquí vamos a resumir las situaciones que dan risa según este autor y agregaremos otras.
1) La caja de sorpresas. 2) El títere de hilos: parece hablar con libertad pero es un juguete manejado por otros o por ideas fijas, lo que dice un diario o una ideología. 3) La bola de nieve: alguien se cae, rompe la vidriera, esta hace caer la mesa del bar, se cae el vino sobre el traje... 4) La repetición y el automatismo del personaje. 5) La inversión: el hijo le enseña a los padres por ejemplo. 6) Interferencia de series o azar de encuentros fortuitos. 7) Una idea elevada se presenta como mediocre o algo elemental se dogmatiza o exagera. 8) Hacer lo contrario de lo que se acaba de afirmar. 9) La vanidad y el ridículo. 10) Las sociedades pequeñas, es decir, hacer en chico e imitando lo que en la sociedad se hace en serio. 11) El endurecimiento profesional: usar palabras y frases técnicas en la vida cotidiana. 12) El disfraz y el vestido en general. 13) Los seudorazonamientos, con una apariencia de lógica. Ahora agregaremos otras situaciones que hemos encontrado: 14) La repetición de un mismo error. 15) Afirmar cosas imposibles o extremadamente moralizantes. 16) Elegir una situación mala antes que una peor. 17) Aceptar algo bueno pero a costa de algo desastroso. 18) Desinteresarse de cualquier propuesta pero alegrase de la propuesta que lo beneficia egoístamente. 19) Exagerar la propia capacidad. 20) Comparar hombres con animales o hacer que los animales imiten al hombre. 21) Dar muy poco por egoísmo. 22) Equívoco de palabras (este es uno de los más frecuentes). 23) Cambiar de ideología para obtener un puesto o una ventaja. 24) Excesivo desprecio del otro o sobrevaloración propia. 25) Policía robada, ladrón robado, profesor que miente, carpintero que rompe... es decir todo lo contrario a lo que se espera de un trabajo u oficio. 26) Juzgar las cosas por su apariencia, como el mate por un micrófono. 27) No interesarse por algo importante e interesarse por pavadas. 28) Obtener todo lo contrario a las expectativas.
29) Dejar como herencia lo peor: deudas, etc. 30) Vestido mal para las circunstancias. 31) Un incapaz quiere un cargo que lo supera. 32) Hablar a alguien en serio y que le contesten en broma y viceversa. 33) En vez de culparlo por una cosa se lo culpa por todos los males. 34) Vicios propios de cada edad. 35) Aspirar a altos cargos por las ventajas pequeñas que otorgan. 36) Ocupar un cargo que no le corresponde. 37) Fanatismo por un equipo. 38) Negar defectos propios claros. 39) Hacer cosas de bajo nivel para el cargo que se ocupa. 40) Defectos simpáticos. 41) Manifestar sentimientos de grandeza y a la vez de pequeñez total. 42) Decidir algo importante basándose sólo por lo externo. 43) Desconocer los propios defectos. 44) El lado simpático de las enfermedades. 45) Métodos desproporcionados para un fin sencillo. 46) No servir para el fin con que fue construido. 47) Pasarse la vida haciendo lo mismo. 48) Preguntar trivialidades. 49) Arriesgar un pronóstico de algo impredecible. 50) Beneficios que perjudican. 51) Querer parecer lo que no se es. 52) Pasar de lo romántico y sublime a lo chabacano dentro de la misma conversación. 53) Romper las reglas del protocolo. 54) No dar importancia a un personaje importante. 55) Ambición exagerada. 56) Conducta esquizofrénica 57) usar otro idioma incorrectamente. 58) La máquina domina al hombre. 59) Comparar algo de verdad con algo de juguete. 60) Lo mejor resulta lo peor. 61) Hacer cosas en la oficina como si se estuviera de entrecasa y en general hacer cosas fuera de lugar. 62) Hacer cómicamente algo serio. 63) Hablar de defectos de otro agrandándolos. 64) Excesiva demagogia política. 65) Cambiar las leyes físicas como ficción. 66) Obtener el resultado contrario a lo intentado. 67) Cambiar lo sublime por lo monetario.

A parte de las explicaciones dadas por Bergson en el principio de este artículo podemos decir que la risa y los chistes, aun en cosas importantes hacen ver que los acontecimientos, incluso los dramáticos, tienen su lado relativo y gracioso.
Esta vida debe radicalizarse y a su vez relativizarse. Radicalizarse porque con lo que hagamos nos ganamos el cielo o el infierno. No sólo por las prácticas exclusivamente religiosas sino también con un trabajo de servicio a los demás. Y relativizarse porque esta no es la vida definitiva. Así mismo los errores, los defectos, la corrupción, la guerra y los actos malvados pueden se causa de chiste en el sentido que siempre podemos acudir al perdón de Dios y superarlos. Lo único realmente serio es la impenitencia y el infierno.

sábado, 7 de abril de 2007

EXISTENCIALISMO, ANGUSTIA Y ESPERANZA

Comentaremos las categorías de Kierkegaard a partir del texto "Lecciones sobre Existencialismo" de Roger Verneaux. Ed. Club de Lectores, Buenos Aires.1952

1) La categoría de único: Cada hombre, siendo un individuo, es único, distinto de todos los demás, de tal suerte que no hay dos hombres exactamente iguales. Cada uno vive una vida personal de la cual no puede descargarse sobre las espaldas de otro, nadie puede existir en mi lugar. Esto que parece excesivamente individualista es la raíz de la responsabilidad para la persona sana. "Se vive solo y se muere solo" dice Pascal. Sin embargo, si no la rechazamos, tenemos la ayuda de muchas personas de nuestra familia y amigos. Es más por la Comunión de los Santos todos los demás cristianos nos ayudan. Y todavía más: la acción de Dios en nosotros lleva a decir con San Pablo "ya no soy yo el que vive sino que Cristo vive en mi" o bien "ser otro Cristo, ser el mismo Cristo". La categoría de único es lo más contrario al colectivismo y en el cristianismo a la confesión comunitaria.

2) La categoría del secreto: cada conciencia forma un mundo cerrado, un poco como lo decía Leibniz de sus "mónadas". El hombre está amurallado en sí mismo. Sin duda que puede explicarse, hacerse conocer, en cierta medida. Pero todo lo que diga sobre si será miserable, y tan incompleto, tan distante de agotar el fondo del corazón, que será como si nada hubiera dicho. He aquí por qué Kierkegaard publicó la mayor parte de sus obras bajo diversos
seudóninos : ninguna de ellas lo expresa a él, en la infinita riqueza y com­plejidad de
su vida interior. Hay que abandonar, pues, la esperanza de establecer alguna vez una
comunica­ción directa entre los individuos. ¿Qué queda, enton­ces? Por lo pronto,
cada uno de ellos puede formarse una cierta idea de los demás; sólo que este conoci-
miento es abstracto y objetivo, y deja así escapar la individualidad que intenta
penetrar. Además hay po­sibilidad de trasmitir un mensaje, el cual no es más que una
comunicación indirecta, pero concreta, exis­tencial. ¿De qué se trata? De atraer la
atención de los otros sobre sus propias existencias, de despertarla al pensamiento
subjetivo, si consienten en ello. Esta puede hacerse por la palabra, pero mucho
mejor por el silencio, a condición de que esté apoyado por la vida misma, o por la
muerte, digamos por el martirio. El martirio es testimonio, atestación de la verdad;
es la forma suprema del "mensaje existencial", porque pone a los especuladores en la
obligación de elegir, pero respeta su libertad.
Sin embargo, toda persona humana tiene necesidad de contar lo que le pasa por
dentro. Decía Santa Teresa que las almas necesitan un desaguadero. En la práctica
vemos la acción de sicólogos y directores espirituales, cada uno en su ámbito, a los
cuales hay que abrir el alma.

3) Categoría del devenir: Todo hombre está en per­petuo devenir; propiamente hablando, no es (el tér­mino implica inmovilidad), deviene. "Llega a ser lo que eres", decía Goethe en pos de Píndaro; la fórmula vale para Kierkegaard, pues la existencia humana, a sus ojos, es un esfuerzo perpetuo por superarse, con­quistarse, unificarse, en resumen, por llegar a ser uno mismo.

4) Categoría del instante: La existencia humana es un devenir, pero sólo nos es dado el presente, sólo él existe. Es en él donde se juega nuestra vida, donde
podemos hacer un acto de libertad. "Haz lo que debes y está en lo que haces", nos dice San Josemaría Escrivá. Así también el instante no es un limite inasible entre el porvenir que todavía no es, y el pasado que ya no es más; sólo para el pensamiento abstracto es eso. Concretamente, hay un valor trascendente al curso del tiempo, un sentido -por así decir- vertical: es la inserción de la eternidad en nuestro devenir. No es el instante humano como el punto sin dimensiones de una recta, de alguna manera devenimos haciendo algo y nos centramos en la totalidad de la acción que vamos realizando por partes. Debemos atender a ese ir deslizándose en el tiempo sin miedo a lo que queda atrás o adelante: como quien viaja en un trineo.

5) Categoría de la elección: La libertad es una de las características más profundas del ser humano: Resume, en cierta manera, los rasgos precedentes, por­que decide el presente, orienta y subtiende el de­venir, y sobre todo constituye el yo. Estar determi­nado, en efecto, sería no ser uno mismo, sería ser un simple reflejo del mundo, un punto de reunión y una resultante de las fuerzas naturales. La individuali­dad se da, la persona se afirma por y en la libertad.
¿Qué es, pues, el acto libre? Ante todo es un comienzo absoluto, un acto irracional, por consiguiente, en el sentido de que no puede ser previsto ni explicado por la razón; toda la lógica del mundo es impotente para deducir las decisiones de un hombre. Además es una elección; lo cual significa, que en presencia de una alternativa se elige uno de los miembros con exclu­sión del otro. Quizá es posible superar las contradic­ciones y superarlo todo por la dialéctica hegeliana en el plano de la especulación pura; pero no, ciertamen­te, en el plano de la existencia ahí es sí o no. Por último : y esto nos hace penetrar en lo más intimo de la libertad: por el hecho de elegir alguna cosa, sea lo que fuere, en el fondo se elige uno a sí mismo. La libertad, pues, consiste en elegirse: por una parte en consentir en ser lo que se es, en ser uno mismo, y por otra en querer devenir lo que no se es. Pero los dos aspectos se superponen, coinciden en realidad, puesto que el ser del hombre consiste en devenir. La libertad aparece así como una tensión del ser ha­cia sí mismo.

6) Categoría del ante Dios: Las categorías prece­dentes eran de orden puramente natural, si bien li­gadas en una cierta medida a la vida religiosa. Ésta es de orden religioso; es como el centro de las catego­rías de este tipo, al mismo tiempo que es el basamen­to de las categorías naturales. Lo importante es ver bien que "el pensamiento subjetivo" no es "subjeti­vista", es decir; condenado a la inmanencia. Podría creerse esto último si se considera la categoría de secreto : ¿no forma la conciencia un universo cerrado en sí mismo? No. El pensamiento subjetivo, siempre que se lo profundice lo bastante, da acceso a lo tras­cendente; más aún, es el único camino capaz de condu­cir allí. Pues cada hombre es solitario entre los hom­bres, sin relaciones verdaderamente íntimas con ellos. Pero puede entrar, si quiere, en comunicación direc­ta, inmediata, con otro sujeto, otra persona: Dios. Dios es el única existente con quien pueda estable­cerse una comunicación tal; pero ¿no es también Él el Absoluto, el Infinito? En comparación, todo el res­to pierde interés. Por la fe, pues, el cristiano se pone en presencia de Dios, entra en relaciones personales con Él, solo con el Solo; y la vida cristiana no es otra cosa que una "soledad ante Dios". Citemos al menos este texto admirable: "Osar a fondo ser uno­ mismo; osar realizar un individuo, no tal o cual, sino éste, aislado frente a Dios, solo en la inmensidad de su esfuerzo y de su responsabilidad, he ahí el heroís­mo cristiano", Este texto sólo podía escribirlo un pro­testante que no cree en la Iglesia ni en los sacramen­tos, pero no por ello deja de expresar uno de los as­pectos auténticos de la vida religiosa,.

7) Categoría del pecado: Surgió desde que el cris­tiano se puso en presencia de Dios, pues en el fondo es lo mismo la fe y la conciencia del pecado: uno se pone delante de Dios reconociéndose "culpable". No se trata solamente de los pecados que uno ha come­tido personalmente.; el pecado es algo más profundo. Es algo metafísico, en primer lugar: percibirse como un ser finito y contingente, separada del Infinito por un abismo infranqueable; y no puede uno tomar con­ciencia de su ser finito si no es por relación, por opo­sición al Infinito. Pero el pecado es más que eso; tiene un carácter específicamente moral: ante todo, descubrirse no-santo, si se puede hablar así, en com­paración del Dios tres veces santo; después captar en sí la marca indeleble del pecado original que nos separa de Dios en tanto que hijos de Adán. Así el pecado afirma el yo, constituye la individualidad por una especie de dialéctica existencial. Por el pecado el hombre se afirma a sí mismo contra Dios, pero por ello mismo también ante Dios; por el pecado se afir­ma como libre y responsable; por el pecado asume su finitud y su "pérdida", pero también comienza la obra de su salvación.

8) Categoría de angustia: Ella es pro­pia de la condición humana tal como nos ha sido re­velada por los análisis precedentes, y resume o con­tiene todas las otras categorías. Lo cual viene a sig­nificar que todo hombre -aun el más despreocupado o el más dichoso- vive angustiado, simplemente porque es hombre. Y en efecto, de cada uno de los rasgos que hemos expuesto surge la angustia: de la soledad y del secreto, del fluir del tiempo y del valor infinito del instante presente; de la libertad aún más; si es posi­ble, pues ella, lleva la abrumadora responsabilidad de sí misma y supone una posibilidad permanente de pecar; de la fe, que nos revela a un mismo tiempo nuestro Dios y nuestro pecado; del pecado mismo, en fin, que nos atrae y nos repugna a la vez. Tal es el hombre de Kierkegaard: en resumen, un ser angustiado. Cierto que el cuadro es sombrío. Pero ¿lo es en demasía? Ése es ya otra problema. Sea como fuere, la angustia revela al hombre a sí mismo, señala conjuntamente su miseria y su grandeza.

No debemos angustiarnos tanto. La angustia es un miedo. Pero el miedo es miedo a algo. La angustia es miedo a todo o al pasado o al futuro. También tenemos la angustia enfermiza sicológica. Cristo sufrió angustia antes de su muerte. Pero sabemos que por esa muerte y resurrección hay una salvación y un cielo que alcanzar.

domingo, 4 de febrero de 2007

LA FLECHA DEL TIEMPO. Comentario de libro.

LA FLECHA DEL TIEMPO
En las fronteras comunes a la ciencia y la filosofía
Víctor Massuh
Ed Sudamericana 1990. Buenos Aires.


La filosofía había negado la metafísica, cuando la ciencia preguntaba por ella.
El “antropologismo abusivo” sería derrotado por la biología molecular que llegó a negar lo espiritual y a hablar de los posibles genes de la conducta. Este último “biologismo abusivo” afirma que del animal al hombre hay sólo grados de inteligencia. Para M. la ingeniería genética, que quiere imitar a Dios, es semejante al árbol del bien y del mal (tentación satánica). M. habla del mito del Génesis.
Cita a Reeves. Este autor escribe sobre la historia del Universo desde el Big Bang hasta el hombre, pero no acepta el principio antrópico y se opone a decir que hombre es el Rey de la creación, pues podría aparecer un ser superior. M. habla de responsabilidad del hombre respecto a la preservación de la historia natural.
M. dice que T. de Chardin es un místico por su “Himno a la Materia” (ve a Dios en ella).
Prigogine trata de introducir en la Física la flecha del tiempo, que no está contenida ni en la Mecánica Cuántica ni en la Relatividad de Einstein. Este esfuerzo fue insuficiente. La existencia de la flecha del tiempo es patente en lo psicológico, en la termodinámica y en la cosmología.
Trata superficialmente los conceptos de determinismo, leyes probabilísticas y causa.
Prigogine postula la existencia del tiempo anterior a la creación y el Big Bang es decir tiempo sin movimiento. También coincide con otros físicos al decir que el Big Bang surge de una fluctuación del vacio. Una teoría bastante compleja y no segura.
M. describe el azar pero no lo define.
Se pregunta ¿quién hizo las leyes físicas?
Hay paralelismos entre religión y ciencia:
1) Origen de la vida: En Aristóteles viene de Dios. En otros del azar y las moléculas o de otros planetas.
2) Origen del Universo: Big Bang. La Biblia. La repetición cíclica y el eternismo griego etc.
M. adhiere al principio antrópico por el cual una pequeña diferencia en las leyes naturales (distancia al Sol, por ejemplo) habrían hecho imposible la existencia del hombre.
Para M. el hombre no es el dios del Universo sino un responsable ético de él y de su conservación.
¿Porqué paralelismo ciencia-religión? Se pregunta M. Y se contesta: Ambas buscan la verdad y son de ayuda mutua. La ciencia se renueva, no para romper la tradición sino para incorporarla con otro sentido. La religión y la ciencia tratan verdades en analogía con las ideas platónicas.