miércoles, 14 de diciembre de 2011

El bien, el mal y lo adecuado


Es muy común hablar del bien y del mal aunque un profesor universitario de 80 años me negó la existencia de ambos por ser un tema para chicos de 6 años. Las filosofías gnósticas también se apoyan en estos dos y sólo dos principios.

Del bien se deriva la virtud de la Caridad. No podemos definir el bien por ser un trascendental (en filosofía medieval); el mal, o privación del bien, engendra el odio. Es inadecuado intentar vivir por encima de nuestros recursos. Por ejemplo enviar al chico a un colegio extremadamente caro, o elegir un barrio donde el alquiler es demasiado alto para el sueldo, ir a comer al Jockey Club sin corbata. O que un presidente firme su asunción con una bic. Amén de la llamada movilidad social.

Atenerse a lo adecuado engendra la virtud de la Humildad cuyos excesos son la soberbia y
la minus valoración.

martes, 23 de noviembre de 2010

Ibercivis, una plataforma de computación voluntaria en expansión



Fermín Serrano
Universidad de Zaragoza

La computación voluntaria se ha confirmado como una alternativa útil de computación para aplicaciones científicas con altos requerimientos en número de cores. Además cuenta con el valor añadido de la divulgación científica favoreciendo la interacción con los ciudadanos participantes. Ibercivis nació como la iniciativa española de computación voluntaria basada en BOINC y durante 2009 se expandió a Portugal y a lo largo de 2010 se pretende consolidar como un proyecto común a toda Iberoamerica. Actualmente están conectados de forma diaria en media unos 2500 ciudadanos lo que conforma un conjunto de unos 8000 cores diarios disponibles para las múltiples aplicaciones científicas que se ejecutan de forma concurrente. Una de ellas es la aplicación que simula los nuevos materiales de cables cuanticos desarrollada por investigadores de la Universidad de Buenos Aires. En este coloquio se presentarán en detalle los distintos elementos que componen Ibercivis destacando la infraestructura actual de servidores y clientes de Ibercivis, el proceso de adaptación de una aplicación para su ejecución, y las acutaciones de interacción con la ciudadanía. Así mismo, se presentarán las actuaciones a desarrollar en el corto y medio plazo en Argentina para afianzar la colaboración en torno a la computación voluntaria.

viernes, 9 de julio de 2010

Amin Maalouf, Premio Príncipe de Asturias



El franco-libanés que mezcla historia y ficción, y tiende puentes entre oriente y occidente, defendiendo los valores universales y la diversidad cultural frente al fanatismo.

Amin Maalouf se ha impuesto a la eterna candidata Ana María Matute. El franco-libanés ha sido premiado con el Príncipe de Asturias de las letras. Ha sido premiado por su calidad literaria y por su pensamiento, que abre un espacio a la convivencia y la tolerancia.

Amin Maalouf: un cosmopolita. En su familia era esencial el abuelo, que abrió una pequeña escuela en su pueblo. Su lengua materna: el árabe. Estudió en colegios católicos. Licenciado en sociología y economía. Exiliado en París desde 1975, con su mujer y sus tres hijos. Allí ha trabajado como periodista, trabajo que ya realizara en Líbano, y se inició como escritor. Su novela más famosa: León el africano.

“Soy una persona que busca soluciones, probablemente las buscaré hasta el final de mis días porque no hay soluciones definitivas”

Amin Maalouf tiene mucho que decir sobre la cultura árabe, porque está enamorado de sus orígenes. No le gusta hablar de raíces: siente que la raíz es algo que te ata, que te impide moverte. Sin embargo está deseoso de hacernos comprender sus orígenes árabes, que procura presentar con la objetividad del que lleva 40 años viviendo en occidente. “Los pueblos y las sociedades árabes no han progresado en materia de derechos del hombre, ni en el terreno esencial de la democracia. La religión ha influido. Pero hay muchas otras razones. Durante muchos años, en las sociedades árabes dominó el nacionalismo árabe. Todo aquello se hundió. Desde la revolución iraní parece que triunfa una visión integrista del Islam, con cierta vocación bonapartista. En principio, debiéramos tener esperanza en el islam europeo. Lo ideal sería que los musulmanes europeos «exportaran» una visión modernista de su religión hacia el resto de las sociedades musulmanas. Pero temo que no esté ocurriendo eso. Tengo la impresión de que los musulmanes europeos viven más pendientes de las sociedades musulmanas no europeas. Al mismo tiempo, hay diversas formas de ser musulmán en Europa. Lo ideal sería que los musulmanes europeos fuesen un factor de modernización. Pero no estoy seguro de que sea eso lo que está ocurriendo exactamente” (entrevista concedida a ABC).

En todas sus novelas mezcla historia y ficción, y tiende puentes entre oriente y occidente, defendiendo los valores universales y la diversidad cultural frente al fanatismo.

La convivencia de las minorías es un tema recurrente en sus obras. “Desde siempre tuve la impresión de pertenecer a un grupo que debería resignarse a vivir como minoría, pero al final me he dado cuenta de que el mundo entero está hecho de minorías” Amin Maalouf quiere hacernos entender que la cultura global no impide, sino que, al revés, favorece la propia cultura y supone una cura de humildad para todos, porque, al final, todas las culturas son igualmente válidas y defendibles.

Y escribe porque cree que el mundo no va bien: dudas, turbulencias, problemas… en lo político, en lo económico, en lo moral… y él busca soluciones. Nadie que lea su obra se queda indiferente. Hace reflexionar sobre el pasado y sobre lo que podrá llegar a ser el futuro. Ahora escribe una novela sobre su generación de la cual no quiere adelantar nada, pero, seguro, nos hará plantearnos, como siempre, cuestiones vitales.

miércoles, 23 de junio de 2010

Sarkozy convoca "reunión de trabajo" sobre desastre en Mundial



El presidente francés Nicolas Sarkozy presidirá la tarde del miércoles en el Elíseo una "reunión de trabajo" sobre el desastre de la selección francesa de fútbol en el Mundial de Sudáfrica en presencia del primer ministro y la titular de Deportes, anunció el portavoz del gobierno.

A la "reunión de trabajo", que tendrá lugar en vísperas de la vuelta a París de la maltrecha selección de fútbol, asistirá el jefe de gobierno francés, Francois Fillon, la ministra de Deportes, Roselyne Bachelot y la secretaria de Estado de Deportes, Rama Yade, precisó el portavoz gubernamental, Luc Chatel.

El anuncio fue efectuado luego del consejo semanal de ministros.

Fuentes del Elíseo, sede la presidencia francesa, confirmaron que el presidente Sarkozy recibirá el jueves por la mañana al atacante de los Bleus, Thierry Henry, "a su pedido". La información había sido difundida poco antes por la radio privada francesa RMC.

El combinado francés fue eliminado en la primera vuelta del Mundial de Sudáfrica al cabo de tres partidos durante los cuales sólo marcó un gol, en medio de disputas entre los jugadores y el entrenador, Raymnond Domenech, que trascendieron el ámbito deportivo, convirtiéndose en un escándalo nacional.

sábado, 15 de mayo de 2010

Ibercivis, una plataforma de computación voluntaria en expansión

Fermín Serrano
Universidad de Zaragoza

La computación voluntaria se ha confirmado como una alternativa útil de computación para aplicaciones científicas con altos requerimientos en número de cores. Además cuenta con el valor añadido de la divulgación científica favoreciendo la interacción con los ciudadanos participantes. Ibercivis nació como la iniciativa española de computación voluntaria basada en BOINC y durante 2009 se expandió a Portugal y a lo largo de 2010 se pretende consolidar como un proyecto común a toda Iberoamerica. Actualmente están conectados de forma diaria en media unos 2500 ciudadanos lo que conforma un conjunto de unos 8000 cores diarios disponibles para las múltiples aplicaciones científicas que se ejecutan de forma concurrente. Una de ellas es la aplicación que simula los nuevos materiales de cables cuanticos desarrollada por investigadores de la Universidad de Buenos Aires. En este coloquio se presentarán en detalle los distintos elementos que componen Ibercivis destacando la infraestructura actual de servidores y clientes de Ibercivis, el proceso de adaptación de una aplicación para su ejecución, y las acutaciones de interacción con la ciudadanía. Así mismo, se presentarán las actuaciones a desarrollar en el corto y medio plazo en Argentina para afianzar la colaboración en torno a la computación voluntaria.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La Argentina, en el escenario internacional de la ciencia

Por Nora Bär (La Nación)

La mayoría de los argentinos sabe que el país tiene paisajes y ciudades que encandilan a los turistas; cineastas, actrices y actores, valorados en pantallas de todo el mundo, y jugadores de fútbol cuyos pases se negocian en millones de euros.

Pero lo que tal vez no muchos conozcan es la "cotización" que alcanzan nuestros equipos científicos en el escenario de la ciencia mundial.

Aunque existen otras, dos colaboraciones en marcha y que esta semana merecieron acuerdos internacionales, una con Alemania y la otra con Francia (de la que se informa en esta página), son una prueba del deestacable nivel que exhibe la ciencia local.

La primera no sólo reafirmó la ya fructífera relación que existe con la Sociedad Max Planck, una organización en cuyos laboratorios trabajan o trabajaron nada menos que 33 premios Nobel y que pronto contará con un instituto asociado en Buenos Aires, sino que permitió la firma de un convenio para crear una universidad virtual binacional, que ofrecerá, entre otros beneficios, la posibilidad de la doble titulación.

La segunda se estableció con el CNRS francés, y no sólo promueve la creación del centro franco-argentino para el estudio del cambio climático, sino también la de un Laboratorio Internacional Asociado en Física y Mecánica de los Fluidos, que afianzará la cooperación de larga data existente entre la Facultad de Ingeniería de la UBA y cuatro laboratorios franceses de Orsay, Poitiers y París. En diciembre, se había creado también el Laboratorio Franco-Argentino en Nanociencias, entre la Universidad de París y la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Que nos abran la puerta a ámbitos en los que se desarrolla la ciencia de elite demuestra que es posible jugar en las "grandes ligas". Claro que para eso tenemos que comenzar a dejar de pensar y actuar como un país "en desarrollo"...

jueves, 5 de noviembre de 2009

Los ciudadanos dispuestos a hacer sacrificios personales para frenar el calentamiento global.



Cuatro de cada cinco ciudadanos, incluidos chinos y estadounidenses, que son los dos mayores emisores de dióxido de carbono del mundo, estarían dispuestos a modificar sus hábitos para frenar el calentamiento global.



La BBC publica en una encuesta datos relevantes a cerca del nivel de preocupación de la sociedad con respecto al calentamiento del planeta

La mayoría de las personas están dispuestas a cambiar sus hábitos para frenar el calentamiento del planeta, así lo muestran los datos del informe presentado por la cadena pública británica BBC, que ha cotejado las opiniones de 22.000 personas en 21 países diferentes y del que se desprenden datos tan sorprendentes como esperanzadores.
Tres cuartos de los encuestados aprobaría un impuesto sobre la energía, especialmente los chinos, siempre y cuando el dinero recolectado se utilizara para encontrar fuentes alternativas de energía o para optimizar un uso eficiente.

Sacrificios personales
De acuerdo a la investigación, el 83% de los encuestados estuvo de acuerdo en que los individuos tendrán que realizar cambios en sus costumbres para reducir la cantidad de gases contaminantes que producen. El estudio sugiere que una gran mayoría de personas en cada país encuestado cree que será necesario hacer sacrificios.

En casi todos los países de Europa, así como en Estados Unidos, la mayoría de los encuestados opina que el coste del combustible que más contribuye al cambio climático deberá aumentar. Las únicas excepciones fueron Italia y Rusia, donde un importante número de encuestados cree que no será necesario un incremento en el precio de los suministros de energía para frenar el calentamiento.

A favor de los impuestos verdes
Las opiniones están divididas en cuanto a las propuestas de incrementar los impuestos a los combustibles fósiles: 55% a favor y 44% en contra. Los chinos son los más entusiastas cuando se trata de este tipo de impuestos: el 85% está a favor, un 24% más que los países que más apoyan la idea después de China.

En el resto del mundo, sólo estrechas mayorías -y a veces minorías- aprueban un aumento de los impuestos. Sin embargo, esta opinión cambia cuando se habla de impuestos "verdes", es decir, aquellos que se destinarían a optimizar el uso de la energía o bien para investigar combustibles menos contaminantes.

De todo esto parece desprenderse la idea de que en muchos países la gente está más decidida que sus gobiernos a contemplar cambios serios en su estilo de vida a fin de combatir el calentamiento global.

Globescan, la empresa encargada de conducir la encuenta entrevistó a 22.182 personas en el Reino Unido, Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Egipto, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Kenia, México, Nigeria, Filipinas, Rusia, Corea del Sur, España, Turquía y Estados Unidos.
Las entrevistas fueron presenciales o vía telefónica y se realizaron entre el 29 de mayo y el 26 de julio de 2007.

El País
Fatima Villanueva

jueves, 8 de octubre de 2009

El Nobel de Literatura 2009 fue para la alemana Herta Müller





La Academia Sueca valoró "la densidad de la poesía y la franqueza de la prosa"; "Estoy soprendida", dijo tras conocer la noticiaAtrás quedaron los vaticinios que daban al israelí Amos Oz y al norteamericano Philip Roth como favoritos para ganar el más prestigioso premio para las letras mundiales.

Este año, el Nobel de Literatura fue para la alemana nacida en Rumania Herta Müller.

"Estoy sorprendida y todavía no consigo creérmelo", dijo Müller luego de haberse enterado de la noticia.

"No puedo decir nada más por el momento", agregó la escritora en el comunicado publicado por la editorial Carl Hanser Verlag.

La Academia Sueca destacó "la densidad de la poesía y la franqueza de la prosa que describe el paisaje de los desposeídos" en la obra de la escritora.

En castellano están editadas varias de sus obras, entre otras En tierras bajas y El hombre es un gran faisán en el mundo (Siruela).

La escritora, que vive en Berlín desde 1987, nació en Nytzkydorf (Rumania) en 1953, en el seno de una familia de la minoría alemana en ese país -a la que pertenecieron otros escritores emblemáticos alemanes como Paul Celan u Oskar Pastior- y desde muy pronto trató de tender puentes entre las dos culturas a las que pertenecía.

Herta Müller estudió filología germánica y filología rumana simultáneamente, tratando de profundizar los conocimientos de las dos literaturas a las que sentía que pertenecía.

Entró en conflicto con la Rumania del dictador Nicolai Ceaucescu, donde perdió su primer trabajo, como traductora en una fábrica de máquinas, por negarse a colaborar con la Securitate, el servicio secreto de la Rumania comunista.

Su primer libro, En tierras bajas , esperó cuatro años en la editorial antes de que finalmente pudiese publicarse, en 1982, con recortes impuestos por la censura rumana.

En 1984, una versión no censurada fue enviada subrepticiamente a Alemania, donde fue publicada. Su trabajo, con el que pinta la vida en un poblado pequeño en Rumania de habla alemana, fue devorado por los lectores alemanes. Ese trabajo fue seguido por su obra Tango opresivo en Rumania.

"La prensa nacional rumana era muy crítica de estos trabajos, mientras fuera de Rumania la prensa alemana los recibió muy positivamente", dijo la Academia Sueca.

"Debido a que Müller había criticado públicamente la dictadura en Rumania, le prohibieron publicar en su propio país", agregó.

Las novelas Der Fuchs war damals schon der Jäger (1992), Herztier (1994) y Heute wär ich mir begegnet lieber nicht (1997) dan, con detalles de cincel, un retrato de la vida cotidiana en una dictadura estancada. Müller ha tenido el cargo de docente invitada entre otras en las universidades de Paderborn, Warwick, Hamburgo, Swansea, Gainesville (Florida), Kassel, Gotinga, Tubinga y Zurich. Desde 1995 es miembro de la Academia del la Lengua Alemana y Poesía, en Darmstadt.

Se trata de la primera vez desde 2003 que el Nobel de Literatura recae en una autora en lengua alemana, tras el recibido por la austríaca Elfriede Jelinek, ese año, mientras que el último alemán que lo ganó fue Günter Grass, en 1999.

En 2008, el prestigioso galardón fue para el francés Jean-Marie Gustave Le Clézio.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Jorge Luis Borges, Física Cuántica y la Curiosa Intersección entre Literatura y Ciencia

Alberto Rojo


Sesión académica organizada conjuntamente por el Comité de Ciencia y Tecnología y el Comité de Cultura del CARI con la participación de Alberto Rojo, Profesor de Física en la Universidad de Oakland.



Sinopsis / Pareciera que la literatura y la ciencia sirven a divinidades contrarias: las emociones y la inteligencia. Sin embargo, las grandes obras literarias dirigen miradas profundas a la realidad y los grandes avances científicos redefinen los límites de la imaginación. Uno de los casos más enigmáticos de la literatura es "El Jardín de Senderos que se Bifurcan", donde Borges se anticipa de manera literal a la así llamada "Interpretación de los Muchos Mundos de la Física Cuántica", proponiendo, sin saberlo, una de las soluciones hoy parcialmente aceptadas a un problema aún irresuelto.



Alberto Rojo / Doctor en física egresado del Instituto Balseiro y actualmente es Profesor en la Oakland University. Además de destacarse como físico (uno de sus trabajos fue objeto de comentarios en el New York Times) el Dr. Rojo es un exitoso escritor de temas de divulgación científicas y también músico (es autor de grabaciones propias y en colaboración, con Mercedes Sosa entre otros). Su ensayo "El jardín de los mundos que se ramifican: Borges y la Mecánica Cuántica" es usado como texto de referencia en muchas universidades del mundo, fue ampliamente citado en libros de crítica literaria

miércoles, 24 de junio de 2009

El movimiento de ojos y manos en tareas naturales

Diego Shalóm

Laboratorio de Neurociencia Integrativa
Departamento de Física, FCEyN, UBA

Una estrategia tradicionalmente utilizada para estudiar la percepción es presentar estímulos simples y artificiales como líneas o puntos, utilizando presentaciones breves de pocos milisegundos. Pero lo que es simple para el cerebro no necesariamente es "matemáticamente simple". El cerebro humano evolucionó en ambientes llenos de estímulos complejos, y adquirió la capacidad de analizarlos e interpretarlos de manera rápida y automática. Por este motivo, en los últimos años existe una tendencia hacia utilizar estímulos y tareas naturales y dinámicas, con presentaciones continuas, procurando capturar la complejidad y riqueza intrínsecas de las actividades humanas. Para el estudio de tareas naturales, el uso de videojuegos parece una opción ideal. Estos presentan una escena dinámica y controlada, en la que el sujeto debe tomar decisiones continuamente: qué es importante y qué no, qué mirar para ganar mayor información, cuándo y cuánto moverse. En esta charla presentaré los resultados de una versión del conocido juego "Arkanoid". Con una tarea tan sencilla como esta, con solamente tres objetos en una pantalla dinámica (base, pelota y un ladrillo), el movimiento observado de los ojos y las manos resulta sumamente informativo de la actividad cognitiva subyacente.

jueves, 23 de abril de 2009

Antonio Millán-Puelles Feliz síntesis entre intuición y rigor científico

Antonio Millán-Puelles dejó un recuerdo imborrable entre sus discípulos, en parte como resultado de su extraordinaria y fecunda vida intelectual. Escudriñó la verdad de las cosas y la propuso con claridad y esplendor. De la profunda admiración que despertó en uno de sus discípulos, nació esta semblanza.

Hablar del profesor Millán-Puelles es hablar de filosofía. Toda su vida se enmarcó en el ideal del sabio, el que busca y ama el saber, con la conciencia de no acabar nunca de poseerlo en plenitud. Podemos describir su personalidad como la de un hombre entregado por entero al trabajo filosófico. Desde que, en sus años de estudiante, la lectura de las Logische Untersuchungen (Investigaciones lógicas), de E. Husserl, le arrancara de sus estudios de Medicina, que sólo llegó a comenzar. Su biografía intelectual es la de quien ha tenido como meta permanente la búsqueda de la verdad y el servicio abnegado a ella.

Es difícil encontrar unidos el rigor característico del pensamiento de tradición alemana con la agudeza intuitiva de raíz latina. Millán-Puelles logra una feliz síntesis de estas dos fuentes de su propio filosofar. Su profunda disciplina de pensamiento -tenazmente forjada con el método escolástico- no le hacía perder la expresividad y viveza de sus raíces andaluzas.

Dedicó un esfuerzo exhaustivo al estudio de los clásicos del pensamiento occidental; su dominio del aristotelismo, el tomismo, la tradición kantiana y la fenomenológica -cuyos textos leía en la lengua original con perfecta soltura- encuentra difícil parangón entre sus contemporáneos. Pero también dedicó muchas horas a leer los clásicos de la literatura universal, en especial los del Siglo de Oro español. Su castellano tenía la gracia de la expresión afortunada, justa, tantas veces paradójica.

La consistencia de su discurso, la envergadura de sus planteamientos y la penetrante profundidad de sus obsevaciones componen, junto con la elegancia de su expresión, un trabajo filosófica y literariamente cabal. Quizá un paradigma sea su libro La estructura de la subjetividad (1967, publicado en italiano en 1973), obra conocida como una de las aportaciones más elaboradas de la Antropología fenomenológica contemporánea, al tiempo que escrita con un cuidadosísimo castellano. Por su libro La función social de los saberes liberales mereció el Premio Nacional de Literatura (Ensayo) en 1960. Ç

La claridad era un compromiso esencial en su esfuerzo intelectual. Sus escritos distan de la lucubración abstracta y esotérica que algunos casi instintivamente adscriben al trabajo filosófico. Nada más lejano a su estilo, franco y abierto, de tesis nítidas con un discurso bien ensamblado. En sus escritos, en las lecciones magistrales, e incluso en la conversación informal sobre cuestiones de pensamiento, el lector, oyente o interlocutor tenía siempre la impresión de estar ante quien no tiene nada que ocultar, y mucho menos algo que aparentar.

En su obra escrita, Millán-Puelles no se dejaba seducir por modas pasajeras. En ningún caso, la preocupación «del momento», marcó sus investigaciones aunque en ocasiones se ocupó de temas que efectivamente eran de actualidad, pero no por su momentaneidad sino por el interés especulativo que suscitaban dentro de su propio itinerario intelectual.

Huyó tanto del ensayismo fácil como del especialismo. No es posible abrir una página suya sin encontrar temas esenciales abordados con un estilo a veces verdaderamente ascético, con una preocupación por la exactitud que a menudo le obligaba a pulir la terminología hasta el escrúpulo, pese a suavizar los pasajes más densos con la proverbial elegancia de su expresión.

Nunca dejaba un cabo suelto a una ambigüedad o una mala interpretación. Mientras no aclaraba perfectamente una cuestión no pasaba a la siguiente. Pero la minuciosidad de su argumentación tampoco ocultaba la envergadura y trascendencia de los planteamientos esenciales, que veía en toda su perspectiva, sin prisas, con serenidad y eficacia, paso a paso.

Pensamiento y estilo filosófico de un realismo no simplista ni dogmático: abierto al diálogo con la tradición viva, al contraste con las eternas cuestiones del pensamiento occidental, y al enriquecimiento con otras posturas alternativas sin caer en un sincretismo irenista. Su convicción más neta: la riqueza de lo real, que se deja entender y al mismo tiempo se sustrae, invitando siempre a profundizar y ampliar la investigación.

BRIOSO ITINERARIO INTELECTUAL
Desde la elaboración de su tesis doctoral, acerca de la teoría del ente ideal en Nicolai Hartmann, comienza a desvelarse una inquietud filosófica que no le abandonará y que le llevará a profundizar en los problemas esenciales de la fenomenología: la elucidación del ser de la conciencia humana y de su peculiar fecundidad para fingir irrealidades.

En La estructura de la subjetividad, uno de sus trabajos más conocidos, desarrolla un penetrante análisis fenomenológico de la intencionalidad de los actos de la conciencia humana y recoge algunas aportaciones sustantivas de su pensamiento filosófico y antropológico.

Pero los logros más relevantes de su investigación en este terreno se contienen en su obra sin duda más acabada, la Teoría del objeto puro (1990, publicada también en inglés en Heidelberg por la Franck Verlag, en 1996). Se trata de un verdadero monumento del pensamiento contemporáneo.

A raíz de su planteamiento sobre la esencia y los modos de lo irreal, hacen acto de presencia en este libro las cuestiones más esenciales de la ontología y la teoría metafísica del conocimiento. De una manera completamente original, Millán-Puelles muestra, a través del análisis de la objetualidad formalmente considerada, el gran reto que tiene por delante la investigación metafísica.

Si se entiende bien la analogía del ente y la enorme plasticidad del objeto material de la Metafísica -la más perfecta concreción epistemológica de la sabiduría natural- se ve claro que deba prolongarse, para alcanzar su complexión teorética, en una teoría del objeto puro. El autor recoge lo esencial del debate histórico precedente, pero lo profundiza, para obtener una panorámica mayor. En este sentido, la confrontación con los puntos más relevantes de la Teoría del Objeto tal como aparece propuesta en A. von Meinong, ofrece también la perspectiva necesaria para advertir que la investigación metafísica sobre el ente trascendental sólo ha tenido hasta ahora un desarrollo incipiente. Precisamente el proyecto que actualmente tiene en curso es el desarrollo de una lógica del ente trascendental.

La defensa del realismo metafísico que se lleva a cabo en la Teoría del objeto puro reviste un vigor y solidez que no se debe tanto a la refutación del idealismo -sin duda una de las más serias que se han propuesto- como al esfuerzo de fundamentación desde una perspectiva completamente original. Dicho esfuerzo también dio resultado en el terreno de la filosofía moral con la publicación de La libre afirmación de nuestro ser. Una fundamentación de la ética realista (1994) y Ética y realismo (1996). El realismo práctico aquí propuesto ha de manifestarse en una ética cuyas normas sean practicables, por tener rigurosamente en cuenta al ser humano y sus inclinaciones naturales.

Frente a la visión de Nietzsche, la ética, precisamente por arraigar en una profunda y clara intelección de lo más humano del hombre, ha de estribar en una facilitación de su existencia, no en un conjunto de prescripciones delirantes que alienan al hombre de lo más genuino que hay en él.

Millán-Puelles muestra que el deber es una exigencia absoluta en cuanto a su forma, mientras que por su materia o contenido es relativo, ya al ser específico del hombre, ya a su ser individual y circunstanciado. Esta relatividad esencial de los deberes no puede interpretarse como un relativismo frente a lo que significa deber. La pregunta por el significado genérico del «deber» ha de llevarnos, si hablamos de ética, a la pregunta por «lo debido» en cada caso. Pero ambas cuestiones no son reductibles. En confundirlas estriba una de las especies de la llamada «falacia naturalista». Por el contrario, deducir el deber a partir del ser natural humano -que es lo que muchas veces se entiende como falacia naturalista- no sólo no es falaz sino estrictamente necesario para formular una ética realista, bien entendido que la realidad humana no se reduce a su mera facticidad.

Así, el realismo ético no se caracteriza tanto por rebajar la exigencia de lo que en cada caso significa estar obligado a algo -que siempre tiene un sentido absoluto- sino por establecer cada deber concreto en relación con el ser y la circunstancia humana. El autor critica con la misma fuerza, tanto el relativismo como el dogmatismo apriorístico del puro «deber por el deber». La variada circunstancia en que se desenvuelve el ser humano hace necesaria la relatividad -plasticidad, flexibilidad- de los deberes también a la situación.

Una ética realista, por tanto, ha de atender a la situación particular en que se encuentra el sujeto moral. Nada más lejos de ella que pretender uniformar la conducta humana. (E imposible calificar de realista semejante pretensión). Se trata, de una aportación llena de claridad, muy de agradecer ante la confusión del debate sobre la fundamentación de la moral.

Las cuestiones relativas a la Antropología filosófica forman uno de los núcleos de mayor interés del pensamiento de Millán-Puelles. En Economía y libertad (1974), uno de sus trabajos más elaborados, destaca una cuidadosa fenomenología de las necesidades humanas. Sobre el hombre y la sociedad (1976) recoge una antología de textos acerca de cuestiones de pensamiento antropológico y social; son pequeñas monografías y artículos periodísticos (durante una larga temporada frecuentó el autor la Tercera página de ABC). Destaca un pequeño y lúcido ensayo sobre la fundamentación teocéntrica de la dignidad de la persona humana. Otros versan sobre la naturaleza y la libertad, el historicismo y el relativismo, la libertad religiosa, la dignidad de la mujer, etcétera.

Su teoría de los modos de la libertad humana, que desarrolla en El valor de la libertad (1995), es una aportación sustantiva de su pensamiento. Bien pudiera, con Terencio, proclamar aquello de nihil humani a me alienum puto, pues nada hay más humano que la libertad. Un trabajo que no pretende una postiza neutralidad con un tema tan apasionante para el hombre de nuestros días. El autor consigue la mínima distancia crítica para hablar con seriedad, algo muy necesario en un asunto que tiende a seguir las modas antes que la razón. Este libro resulta esperanzador en tiempos en que la retórica y la buena apariencia es lo que realmente importa a la mayoría y en que la sofística vuelve a campar por sus respetos.

El interés por la verdad (1997) se estructura en dos partes -conocer la verdad y darla a conocer-acompañadas de una serie de consideraciones acerca de los aspectos éticos, del interés cognoscitivo y comunicativo. Aborda el autor asuntos como el valor de la teoría, la refutación del utilitarismo, la inteligibilidad de lo real, el relativismo y el escepticismo.

Su Lógica de los conceptos metafísicos es un trabajo muy detallado acerca de las propiedades de las nociones extracategoriales, en el que destaca un minucioso análisis del régimen lógico de los conceptos trascendentales. Aunque ya lo tenía avanzado, su salud le impidió terminar un libro sobre la inmortalidad del alma.

PROFESOR CLARO, PROFUNDO Y CON HUMOR
Una semblanza de la personalidad filosófica de don Antonio Millán-Puelles exige hablar de su trabajo docente. Además de ejercer la docencia, varios de sus libros tienen una intención explícitamente didáctica: Fundamentos de Filosofía, es el mejor y más conocido manual en castellano, con el que se han formado varias generaciones de filósofos y humanistas hispanos. Alcanzó la duodécima edición.

La formación de la personalidad humana, (cinco ediciones), recoge las principales aportaciones del autor en Filosofía de la Educación y el Léxico Filosófico (1984), instrumento utilísimo para sistematizar el saber filosófico de raíz más especulativa y gran auxiliar para los profesores de bachillerato.

Quienes tuvimos la suerte de recibir de viva voz su magisterio sabemos de su buen hacer y humanidad, de su estilo a la vez brillante para la materia y modesto para su propia persona, del alto nivel de exigencia que a sí mismo se imponía, por respeto a la filosofía y a los estudiantes, del cuidadoso empeño en buscar la claridad y suscitar la atención por lo verdaderamente interesante, recurriendo en ocasiones a una fina ironía y a su bien acendrado sentido del humor.

Era asiduo a ciertos recursos retóricos como los juegos de palabras, en los que gastaba un ingenio muy notable, pero sin hacer nunca concesiones que rebajaran la dignidad del trabajo docente.

Nunca quiso simplificar la filosofía. En su carrera docente, su esfuerzo no consistía en rebajarla para ponerla al alcance de los estudiantes, sino en habilitarlos para que llegaran a entenderla en profundidad. Fuera de la Universidad, en conferencias, coloquios, etcétera, y cuando no se dirigía a un público especialmente versado en estas cuestiones, los temas filosóficos adquirían un atractivo e interés capaz de entusiasmar a cualquiera.

La clave de su peculiar estilo docente, es la perfecta combinación entre claridad y profundidad. Con toda justicia le son aplicables sus propias palabras: «El dicho, no escasamente difundido, según el cual se dedican a la enseñanza quienes realmente no sirven para otra cosa, no tiene por fundamento ningún dato objetivo, y su origen debe buscarse únicamente en la lógica propia del utilitarismo» (El interés por la verdad).

Lo que de su personalidad más destacaba en clase era su entusiasmo por la filosofía y su coherencia de vida. Todos los que conocieron a don Antonio saben bien de su honradez intelectual, y quienes hemos frecuentado sus lecciones no hemos visto en él una sola concesión a un planteamiento extraño al interés por la verdad. Es patente, además, que vivía lo que decía y que se hacía cargo plenamente de todas las consecuencias, tanto teoréticas como prácticas, de los planteamientos que defendía.

No son estas palabras un elogio gratuito sino un sincero y creo que justísimo homenaje a quien, para mí, ha encarnado mejor, entre todos los filósofos que he conocido, los grandes ideales socráticos que dieron lugar al surgimiento del pensamiento en Occidente.

Perfil biográfico
Antonio Millán Puelles nació en Alcalá de los Gazules (Cádiz) en 1921.

Estudió Filosofía en Sevilla y Madrid y obtuvo Premio Extraordinario de licenciatura y doctorado.

Ganó una Cátedra de Bachillerato y a los 30 años fue Catedrático numerario de la Universidad Complutense de Madrid, con docencia en Fundamentos de Filosofía, Historia de los Sistemas Filosóficos y Filosofía de la Educación.

En 1976 pasó a Catedrático de Metafísica en la misma Universidad y Director del Departamento de Filosofía Fundamental de la antigua Facultad de Filosofía y Letras.

Fue Gastprofessor durante un semestre en una Universidad alemana (Mainz), Profesor Extraordinario de la Universidad de Navarra, Profesor visitante en la Universidad Panamericana (México), en la Universidad de Los Andes (Chile) y, durante una larga temporada, Profesor de Metafísica y Filosofía de la Naturaleza en la Universidad de Cuyo (Mendoza), por lo cual se le reconocieron servicios diplomáticos en la República Argentina (1953).

En 1960 recibió el Premio Nacional de Literatura (Ensayo), en 1966 el Premio Juan March de Investigación Filosófica, en 1976 el Premio Nacional de Investigación Filosófica y en 1996 el Premio Alétheia, concedido por la Academia Internacional de Filosofía de Liechtenstein. Se le concedió también la Gran Cruz al Mérito Civil y la de Alfonso X el Sabio.

Desde 1974 era académico de número de la Real de Ciencias Morales y Políticas. Fue Consejero del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Consejero Privado de D. Juan de Borbón, Miembro Honorario de las Universidades Argentinas, Socio de Honor de la Sociedad Mexicana de Filosofía, Consejero Cultural de la Fundación General Mediterránea, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Internacional de Fenomenología y Presidente de la Sociedad Española de Fenomenología, Patrono del Museo del Prado, Profesor de la Escuela Diplomática y Colaborador cultural de la Limmat Stiftung de Zürich (Suiza) y del Lindenthal Institut de Köln (Alemania). Publicó 20 libros, un centenar de artículos y monografías científicas, prólogos y traducciones. Sus trabajos y colaboraciones periodísticas superan el medio centenar.

martes, 10 de marzo de 2009

Tele-visión y Tele-acción

Les dejo un "resumen" de las categorías del ultimo libro de un sociólogo bastante importante que se llama Zygmunt Bauman que son muy simples y muy interesantes para pensar el mundo en el que vivimos y que podemos hacer para hacer algo que no se nos desvanezca en el aire

el libro se llama Lazos para una sociedad global:

Estos son los principales conceptos que desarrolló Bauman ante la prensa española al presentar su libro Comunidad:

Tele-visión y tele-acción:
"Tenemos todos los instrumentos para la tele-visión, pero apenas ninguno para la tele-acción: vemos más allá de lo que nuestras manos pueden alcanzar. Diariamente, contemplamos cómo se hace el mal, cómo se sufre el dolor, pero el desafío que ello representa para nuestros sentimientos morales queda en gran medida sin respuesta. No hay duda de que algunas de nuestras acciones y reacciones están inspiradas moralmente, pero sus efectos no llegan a compensar a la enormidad de cuestiones que los inspiraron. Somos demasiados conscientes de ello, pero no sabemos cómo superar la brecha".

Del "yo no lo sabía" al "cualquier cosa que haga no sirve de nada":

"Habiendo sido colocados en posición de espectadores (de testigos que ven cómo se hace el mal, pero que aún así no hacen nada para evitarlo, ni siquiera para prevenirlo) se nos ha privado de la excusa más común para la conciencia culpable: el "yo no lo sabía". La única excusa que queda es la que se apoya en la impotencia: "haga lo que haga no servirá de nada". Es una débil excusa, pero convincente incluso para nosotros mismos. Sospechamos -y con buenas razones-que más bien se trata de lo contrario: de que lo que hagamos o dejemos de hacer importa. Después de todo, en nuestro intercomunicado planeta dependemos unos de los otros, y lo que se hace en una parte del globo tiene un alcance muy superior a la visión e imaginación de sus actores. Somos, en un grado difícil de medir, responsable de la situación de los demás. Lo que ocurre es que no sabemos qué significa asumir esa responsabilidad y qué es lo que ello requiere. Y carecemos de los instrumentos que podrían lograr que nuestras preocupaciones e intuiciones morales reviertan en unas condiciones más decentes para la humanidad, haciendo al mundo más inhóspito para la indignidad humana y la humillación y más acogedor para la atención mutua y la solidaridad."

Qué hacer y quién debe hacerlo:El espacio planetario en el que se forman las condiciones de nuestras vidas compartidas parece completamente desregularizado: aunque supiéramos exactamente qué hacer para ajustar ese espacio a nuestros valores éticos, no sabríamos quién sería capaz de realizar esa tarea. En momentos de reflexión, sentimos que el espectáculo de ausencia de regulaciones sólo pueden servir como invitación a más desorden y que no hay ninguna fuerza a la vista capaz de romper ese círculo vicioso. Estamos en una era de experimentaciones, de ensayos y error. La mayoría de las consecuencias de la globalización acelerada no han sido previstas y todavía debemos aprender, probablemente a un alto precio, las habilidades sociales necesarias para hacerles frente y dominarlas".

domingo, 8 de febrero de 2009

Historia reciente de los judíos

En esta época (1917) nace el antisemitismo, término que se emplea por primera vez en Zwanglose antisemitische llefte, de W. Marr (1881), como expresión de un antijudaísmo de motivos étnicos y no políticos. Este antijudaísmo étnico aparece en Alemania, Polonia y Rusia. Contra él reacciona el sionismo de T. Herzl, quien responde a los escritos antisemitas del francés Édouard Drumont, autor de La France juive (1886), Le testament d'un antisémite (1891) y Les Juifs et 1'affaire Dreyfus (1899). La actitud antisemita se difunde bastante en Rusia, donde se populariza la palabra pogrorns para significar una persecución antijudía. De todas formas la campaña antisemita más fuerte tiene lugar en la Alemania nazi (ver NACIONALSOCIALISMO). Ya desde 1935, por las leyes de Nuremberg, los judíos alemanes habían perdido la nacionalidad y se les prohibieron los matrimonios mixtos. También B. Mussolini persiguió a los judíos desde 1938, inspirado por A. Hitler. La Santa Sede procuró protegerlos. En España fueron admitidos judíos que huían de la persecución. Parecida acogida favorable les dispensaron países no beligerantes, neutrales y aliados. Muchos de ellos formaron parte de los movimientos de Resistencia en Francia, Italia y Polonia.

Terminada la guerra, la Organización Int. de Refugiados se hizo cargo de millones de personas fuera de su hogar. Existen varias organizaciones internacionales, creadas y dirigidas por judíos, que defienden sus intereses: Alianza Israelita Universal (1860), Agencia Judía para Israel (1897), Congreso Judío Mundial (1936), etc. Al mismo tiempo numerosas publicaciones judías, entre ellas Universal Jewish Encyclopedia (10 vol., Nueva York 1939-43) sirven de propaganda.

El hecho más importante es la creación del Estado de Israel, favorecido por la Declaración Balfour y establecido en 1948, y que ha absorbido a judíos de todo el mundo, principalmente de los países árabes. A pesar del nuevo Estado judío, los Estados Unidos de América del Norte continúan con el mayor porcentaje de población judía (5,5 millones). Numerosas son las colonias judías en toda Europa; menos conocidas y de escasa importancia son las comunidades judías de India (los BeneIsrael) y Etiopía (los falashas).

miércoles, 7 de enero de 2009

Procesamiento emocional en humanos

Jorge Armony

Dept of Psychiatry, Mc Gill University, CANADA


En esta charla presentaré un resumen de lo (poco) que se sabe sobre las bases neuronales del procesamiento de estímulos emocionales en humanos y sus interacciones con otros aspectos cognitivos, como la atención y la memoria. Más específicamente, describiré resultados de estudios recientes de nuestro laboratorio utilizando la técnica de imágenes por resonancia magnética functional (IRMf) que buscan clarificar el rol de la amígdala en estos procesos. Aprovecharé también para presentar una breve descripción de los usos y limitaciones de las técnicas de neuroimagen funcional como herramienta de investigación dentro del campo de la neurociencia cognitiva y la neuropsiquiatría.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Hacia una cultura de diálogo

Hacia una cultura de diálogo
Un nuevo reto
Jutta Burggraf

En la sociedad actual, convivimos con personas diferentes a nosotros. Este es un hecho concreto y fácilmente perceptible frente al cual no podemos cerrar los ojos. Se trata generalmente de gente proveniente de otros países, con una cultura y religión diferentes a las nuestras; tienen otras costumbres y un estilo de vida que nos resulta extraño y hasta curioso o pintoresco. Tal vez vivan en el mismo pueblo o incluso pertenezcan a nuestra familia. Son "nuestros vecinos de siempre"; pero no piensan ni sienten como yo, o —dicho desde otra perspectiva— yo no pienso ni siento como ellos. Cada persona tiene su propio punto de vista, su mentalidad, su proyecto vital y su modo de juzgar los acontecimientos políticos y sociales.

Lamentablemente, las diferencias originan no pocas veces antipatías o sospechas; pueden llevar a malentendidos e incomprensiones e incluso despertar reacciones violentas. Pueden ser también la causa de múltiples formas de rechazo que hieren el corazón humano.

Muchos sufren injusticias y humillaciones por el mero hecho de no ser "como los demás"; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. "El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares," dicen los árabes. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más.

¿Cómo podemos evitar este choque entre las culturas y mentalidades que parece caracterizar cada vez más claramente nuestra vida? En los últimos años —y especialmente a partir del 11 de septiembre de 2001— se han dado muchas respuestas muy variadas a este interrogante. De especial importancia es, ciertamente, el diálogo. Pero, ¿somos capaces a transmitir pacíficamente nuestra visión del mundo, y escuchar con atención lo que dicen los demás? O, preguntando de modo más radical: ¿tenemos realmente convicciones propias? ¿Hemos encontrado nuestra identidad? Es un hecho conocido que nadie puede dar (a conocer) lo que no tiene.

I. DIFICULTADES PARA EL DIÁLOGO
Somos libres para pensar por cuenta propia. Pero apenas tenemos el valor de hacerlo de verdad. Estamos más bien acostumbrados a repetir lo que dicen los periódicos y revistas, la televisión, la radio, lo que leemos en internet o lo aseverado por alguna persona, más o menos interesante, con la que nos cruzamos por la calle. Hoy en día, en muchos países parece que ha desaparecido la autoridad que dicta los pensamientos, la censura. Pero lo que hallamos en realidad, es que aquella autoridad ha cambiado su modo de obrar: no se vale de la coerción sino tan sólo de una blanda persuasión. Se ha hecho invisible, anónima, y se disfraza de normalidad, sentido común u opinión pública. No pide otra cosa que hacer lo que todos hacen.

¿Resistimos a los tiroteos constantes de este "enemigo invisible"? ¿Hemos aprendido a ejercer nuestra facultad para discurrir y discernir? Pensar no sólo es un juego divertido; es ante todo una exigencia de nuestra naturaleza. No deberíamos cerrar voluntariamente los ojos a la luz, sino todo lo contrario: tendríamos que entusiasmarnos con la realidad que nos rodea, y buscar respuestas a las cuestiones grandes y pequeñas que nos plantea la propia existencia.

Sufrir un ajetreo continuo

Sin embargo, nuestra vida se ha convertido, en muchos sentidos, en un ajetreo continuo. Muchas personas sufren las consecuencias del estrés o de un cansancio crónico. La dureza de la vida profesional, y también las exigencias exageradas de la industria del ocio, traen consigo unas obligaciones excesivas, así que lo único que se desea por la noche es descansar, distraerse de los problemas cotidianos, y no esforzarse nada más. Todo esto puede llevar a una cierta "enajenación" psicológica y espiritual, a la superficialidad de una persona que vive sólo en el momento, para las cosas inmediatas. En nuestra sociedad de bienestar tan saciada, con frecuencia, resulta muy difícil detenernos a reflexionar. Y resulta todavía más difícil hablar en serio con otra persona. ¿Cómo se puede transmitir las propias convicciones si no se tiene ningunas?

Huir en el mundo virtual

Con frecuencia, conocemos mejor a los protagonistas de una determinada serie televisiva que a nuestros vecinos más cercanos; escribimos mails a nuestros colegas de las oficinas al lado, en vez de mirarlos en la cara. Aparte del internet, la televisión es actualmente, sin duda, la fuente principal de información y deformación. Consumimos noticias de todo el mundo, talkshows y películas sin parar. No son pocas las casas en las que la televisión está encendida todo el día, incluso durante las comidas. Esto, obviamente, dificulta la conversación. Hay estudios que dicen, en sus conclusiones, que los niños europeos ven una media de cuatro horas diarias de televisión. En Estados Unidos, parece que ven todavía más, hasta seis horas al día, según las investigaciones del especialista Milton Chen, de San Francisco. Así cuando un chico empieza la enseñanza media, ha visto 18.000 horas de televisión y ha pasado 13.000 horas en la escuela. Su cabeza está llena de imágenes.

Pero incluso el más ávido telespectador se ve apartado, de vez en cuando, de su pantalla, y tiene que enfrentarse con la realidad de la vida cotidiana. Entonces se encuentra inmerso en un mundo inevitablemente menos emocionante que aquél de las imágenes. La vida diaria puede resultar lenta y aburrida; normalmente no es tan dinámica como una película. Es comprensible que se pueda tener ganas de huir, volver cuanto antes al mundo fantástico de la televisión, y no se quiera salir de él. Así, la televisión puede llegar a ser una droga. Somos nosotros los que hacemos de ella una de las múltiples "drogas electrónicas". Hace pensar que exista también la televisión tamaño-casete que se puede llevar en un transporte público, para no estar solo consigo mismo, ni quince minutos.

Tener un exceso de información

Un exceso de información puede ser otro gran impedimento para pensar. Vivimos en la era de los medios de comunicación de masas. Recibimos una inmensa cantidad de información. Quien intenta acceder inmediatamente a toda la información de los cinco continentes, quien no se pierde ninguna tertulia televisiva, ningún chat ni comentario político, o suele ver una película tras otra, puede convertirse en una especie de robot. Con frecuencia no tenemos ni tiempo, ni fuerzas suficientes para asimilar toda la información recibida. Además, absorbemos inconscientemente muchos miles de datos, cuando, por ejemplo, nos paseamos por el centro de una ciudad.

II. EN BUSCA DE SOLUCIONES PRUDENTES
¿Cómo actuar en esta situación? Hay una pequeña anécdota ilustrativa que se cuenta de la escritora alemana Ida Friederike Görres. Una vez, en los años cincuenta del siglo pasado, le preguntaron qué hacía para tener siempre ideas tan originales y saber juzgar con tanta claridad la situación de la sociedad. Respondió: "No leo ningún periódico. Así puedo concentrar mis fuerzas. De lo importante ya me enteraré de todas maneras" Naturalmente, esta postura es muy discutible y, en principio, no es digna de imitación. Pero sí puede invitarnos a reflexionar. Hoy, varias décadas más tarde, se ha multiplicado enormemente el volumen de la información que recibimos cada día, a la vez que se ha especializado. Los conocimientos de la humanidad se duplican cada cuatro años [1]. Será difícil para una persona llegar a tener convicciones propias sin una cierta "actitud distante" con respecto a los medios de información. El escritor ruso Dostoievski afirma: "Estar solo de vez en cuando, es más necesario para una persona normal que comer y beber" [2].

Evitar posturas defensivas

Es comprensible que algunas personas adopten una postura defensiva: prohíben a sus hijos ver la televisión, o ni siquiera quieren tener un aparato en su propia casa. Este planteamiento radical puede ser enriquecedor para la vida de familia y la propia cultura [3]. Sin embargo, no parece que sea el más apropiado para los retos de nuestro tiempo: el proyecto cultural no puede prescindir de la aportación del cine ya que éste asume un papel de primer plano, porque constituye el punto de encuentro entre el mundo de las comunicaciones sociales y otras formas culturales. Con controles y censuras, hoy en día, prácticamente no se consigue nada. Un alumno puede acceder por cable o satélite a todas las informaciones que quiera; puede ver los programas más nocivos en los bares, autobuses o tiendas, en las casas de los amigos o en la propia casa, cuando los padres están fuera (aparte de que casi la mitad de los adolescentes en Occidente tiene su televisión propia). Cuentan de una buena señora que había discutido mucho con sus hijos acerca de una determinada película, llena de escenas de brutalidad y violencia: los hijos querían verla, los padres lo prohibieron. El día en que salió esta película en la televisión, la señora tenía que acompañar a su marido a una cita importante. Como no estaba segura de si los hijos iban a obedecer o no, llevó la televisión consigo en el coche. Y los hijos vieron la película en casa de los vecinos.

No se consigue nada con prohibiciones. La meta no puede ser una simple renuncia. Esto es utópico y poco atractivo. Hace falta un esfuerzo más grande, que consiste en ayudar a los hijos, con argumentos sólidos, a utilizar bien la televisión: a tomar una actitud crítica positiva ante ella y descubrir sus ventajas y desventajas.

La televisión no es un enemigo; no es necesariamente una "caja tonta". Puede ser un buen amigo, un instrumento eficaz al servicio de la cultura y de la educación. Uno de los directores de la televisión alemana suele decir: "La televisión hace a los listos más listos y a los tontos más tontos" [4]. Conviene aprovecharla bien. Para lograrlo, es aconsejable ver junto con los educandos la televisión, y conversar después sobre lo que se ha visto. Así el aparato tan temido por algunos puede convertirse realmente en un "co-educador", en el sentido más pleno de la palabra.

Puede abrir nuevos horizontes y transmitir auténticos valores. Se puede descubrir también la propia responsabilidad por los programas, escribiendo cartas al director, haciendo sesiones de trabajo. De este modo cada uno puede salir del anonimato y de la pasividad, tan propios a la sociedad de consumo. Cada uno puede contribuir a buscar "una televisión con rostro humano": es decir, una televisión a la medida del hombre, y no un hombre a la medida de la televisión.

Adaptarse a la situación actual

En efecto, hace falta dar no sólo a los medios electrónicos, sino a toda la sociedad "un rostro humano". El primer paso para conseguirlo consiste en ser nosotros mismos verdaderamente "humanos", es decir, en vivir a la altura de nuestras posibilidades, esforzarnos por "ser quienes somos" —ni autómatas, ni marionetas— y abrirnos a los demás.

La globalización ha conducido a un gran cambio cultural en muchos ambientes tradicionalmente homogéneos. Pero esto no debe llevarnos al desconcierto. No puede ser que, en algunos círculos conservadores se vean personas preocupadas y agobiadas que añoran tiempos pasados. Pues una de las características fundamentales del mundo es su constante hacerse. Vivimos hoy de un modo distinto al que se vivía hace veinte, cincuenta o quinientos años. Nuestro tiempo no es un camino exterior por el que corremos, nuestro tiempo somos nosotros: es nuestro modo de ser y de ver la realidad, es nuestra mentalidad, son las experiencias que hemos tenido y la formación que hemos recibido, son nuestras sensibilidades y nuestros gustos y todas nuestras relaciones humanas.

Quien quiere influir en el presente, tiene que tener una actitud positiva hacia el mundo en que vive. No debe mirar al pasado, con nostalgia y resignación, sino que ha de adoptar una actitud positiva ante el momento histórico concreto: debería estar a la altura de los nuevos acontecimientos, que marcan sus alegrías y preocupaciones, sus ilusiones y decepciones, y todo su estilo de vida. "En toda la historia del mundo hay una única hora importante, que es la presente," dice Dietrich Bonhoeffer [5]. Los cambios de mentalidad invitan a exponer las propias convicciones de un modo distinto que antes, para que puedan comprenderlas también aquellos que no los comparten. A este respecto comenta un escritor español: "Naturalmente, yo no estoy dispuesto a modificar mis ideas por mucho que los tiempos cambien. Pero estoy dispuesto a poner todas las formulaciones externas a la altura de mis tiempos, por simple amor a mis ideas y a mis hermanos, ya que si hablo con un lenguaje muerto o un enfoque superado, estaré enterrando mis ideas y sin comunicarme con nadie" [6].

Abrirse al mundo

Cualquier persona, por erróneos que nos parezcan sus planteamientos, participa de alguna manera de la verdad: lo bueno puede existir sin mezcla de lo malo; pero no existe lo malo sin mezcla de lo bueno [7]. Por tanto, podemos aprender de todos. Si queremos comprender nuestro mundo, hemos de ampliar continuamente nuestro horizonte, profundizar en la verdad que hemos alcanzado, y buscarla allí donde puede encontrarse, esto es, en todas partes. En otras palabras, debemos estar dispuestos al diálogo, especialmente con aquellos que son distintos a nosotros.

Esta actitud —aparte de contribuir al bienestar de los demás (que se sienten apreciados)— facilita también el propio crecimiento. La situación es comparable a la de una persona que vive algún tiempo en el extranjero. Cuando vuelve al propio país, se da cuenta de que ha aprendido mucho: ve lo mismo de siempre, pero lo ve con otros ojos; puede distinguir ahora mejor entre lo esencial y lo accidental y ha adquirido cierta flexibilidad para adaptarse a nuevas situaciones. Por esta razón, en muchas empresas se prefiere dar el empleo a personas que tengan "experiencia en el exterior"; e incluso, muchas veces da lo mismo en qué país han vivido. Lo importante es que hayan estado fuera de su patria y hayan regresado.

III. CARACTERÍSTICAS DEL DIÁLOGO
Un diálogo no es una simple conversación, sino que es un encuentro entre dos (o varias) personas en un clima de amistad. Es una conversación hecha con un espíritu de apertura, comprensión y "benevolencia", en la que cada uno se muestra al otro tal como es y acepta al otro tal como es. Así, cada uno se enriquece con la parte de la verdad que viene del otro, y sabe integrarla armónicamente en su propia visión del mundo.

Un clima de amistad

En ocasiones, nos comportamos de un modo poco natural: nos cerramos ante los demás. En nuestra cultura aprendemos pronto a ser "fuertes" y a "defendernos" en la selva de la vida. La vulnerabilidad es peligrosa y por tanto prohibida. Tendemos a esconder sutilmente nuestras sombras y nuestros miedos, nuestras necesidades y debilidades. Algunos consiguen con este comportamiento un determinado reconocimiento social, pero pagan por ello un gran precio: niegan su propia humanidad, y renuncian a una vida en libertad.

Si una persona se esconde detrás de una muralla gruesa, no está ni en contacto consigo misma, ni tampoco le será posible entrar en contacto con otros. Para lograrlo, es indispensable "desarmarse", aceptar que soy vulnerable, reconocer los propios bloqueos, fisuras y deficiencias.

Quien ha encontrado su identidad, es una persona fuerte. No necesita ofender al otro para mostrar la propia superioridad. Es sereno, pacífico y generoso. Y cuanto más firmes son las propias convicciones, más flexible y acogedora puede ser la persona. Es como un árbol con raíces profundas, que da sombra, apoyo y alivio a quien lo busque.

Cuando se empieza a dialogar, cada uno debe ver lo bueno en el otro, según aconseja la sabiduría popular: "Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen." Donde reina el amor, no hace falta cerrarse por miedo de ser herido. Por esto, es tan importante mostrar simpatía y cariño, si queremos entrar en contacto con los demás. Amar no consiste simplemente en hacer cosas para alguien, sino en confiar en la vida que hay en él. Consiste en comprender al otro con sus reacciones más o menos oportunas, sus miedos y sus esperanzas. Es hacerle descubrir que es único y es digno de atención, es ayudarle a aceptar su propio valor, su propia belleza, la luz oculta en él, el sentido de su existencia. Y consiste en manifestar al otro la alegría de estar a su lado.

Si una persona experimenta que es amada por lo que es, sin necesidad alguna de mostrarse competente o interesante, se siente segura en presencia del otro; desaparecen las máscaras y las barreras tras las que se ha escondido. Ya no hace falta ni demostrar ni retener nada; ya no hace falta protegerse. Cuando alguien adquiere la libertad de ser él mismo, se vuelve amable. Surge en él una vida nueva que le da una sana autonomía.

Conocer al otro

Para poder amar, hay que conocer. A veces, tenemos ideas bastante desfiguradas acerca de las tradiciones y costumbres de los ciudadanos extranjeros, y hacemos juicios injustos sobre sus planes e intenciones. En ocasiones, ignoramos completamente las razones que los mueven. Así, podemos inconscientemente y por falta de conocimientos contristar e incluso herirlos. Por ejemplo, la abstención de ciertos alimentos —en el caso de los musulmanes o judíos— puede parecernos caprichosa, si no consideramos la motivación religiosa que está en el fondo de este comportamiento.

Conviene tener en cuenta la disposición de ánimo de los demás, saber lo que quieren y lo que rechazan. Por eso es preciso estudiar su historia y cultura, su religión y vida espiritual, y hasta la psicología de su pueblo. ¿Conocemos todo lo que hay de bello y precioso en las otras culturas?

Pero para comprender a otra persona, necesitamos más que un conocimiento meramente libresco. Hace falta un conocimiento por simpatía, que llega más lejos que cualquier teoría, por muy acertada que sea: una madre conoce, ordinariamente, mejor a su hijo que un grupo de pedagogos.

El conocimiento por simpatía se logra en la convivencia, en el trato directo, en la mutua colaboración. En Alemania, durante varios siglos, los cristianos católicos y los evangélicos solían vivir en regiones distintas, frecuentar colegios diversos, eran muy pocos los matrimonios entre personas de distinta confesión y, en general, evitaban cualquier contacto personal. Así, unos construían de otros una imagen cada vez más falsa y menos acorde con las exigencias mínimas de la justicia. Pero cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, los "hermanos separados" se encontraban de repente juntos en los campos de concentración del "Tercer Reich", luchando por la misma causa y dispuestos a morir —conjuntamente- por su fe en Jesucristo, entonces "comenzó el ecumenismo en Alemania" [8]. Los católicos y los evangélicos descubrieron que tenían mucho en común, empezaron a apreciarse mutuamente y, favorecidos por los grandes desplazamientos de población después de esta horrible guerra —las expatriaciones y traslados forzados-, se pusieron a trabajar juntos. El encuentro existencial entre ellos les había revelado la falsedad de muchos de sus esquemas mentales.

Respetar al otro

El hecho de ser distintos constituye una gran riqueza y es, en principio, una fuente de aprendizaje continuo. Las diferencias no pueden ser negadas; no necesitan ser niveladas. Cada hombre es original y tiene el pleno derecho a serlo. Se ha llegado a decir que la capacidad de reconocer diferencias es por antonomasia la regla que indica el grado de cultura e inteligencia del ser humano. En este contexto podemos recordar un antiguo proverbio chino, según el cual "la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente." No es una armonía uniforme, sino una tensión sana entre los respectivos polos la que hace la vida interesante, le da profundidad y anchura, le da color y relieve.

Actualmente, tenemos un convencimiento más firme que en otras épocas de que cada hombre tiene el derecho de ser él mismo el protagonista de su vida; goza de una honda libertad para decidir su destino (que puede considerarse el núcleo de su intimidad). No podemos, bajo ningún pretexto, destruir ese espacio íntimo. Es esto lo que se intenta cuando se impide a alguien vivir según sus convicciones más profundas. Puede ser que esta persona realice objetivamente un mal, pero si lo hace "libremente" y siguiendo su luz interior, es mejor que cuando hace un bien de un modo forzado [9].

Esta actitud de profundo respeto lo manifestó, por ejemplo, el último rey polaco de la estirpe de los Jajhelloni. En los tiempos en que en Occidente tenían lugar los procesos de la Inquisición y se encendían hogueras para los herejes, este rey dio pruebas de la tolerancia cuando aseguró a sus súbditos: "No soy rey de vuestras conciencias" [10].

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la actitud de respeto es más que mera tolerancia. Mientras la tolerancia proporciona solamente el margen (necesario) para una convivencia posible entre los hombres, el respeto apunta a la relación misma entre ellos y al desafío que supone la vida de uno para los demás. El hecho de que "la verdad se conoce por la fuerza de la misma verdad", no significa sólo la descalificación de todos los actos contrarios a la libertad y al aprecio de las decisiones del otro. Implica igualmente la responsabilidad, para todas las personas, de buscar el sentido completo de la existencia, cada una en la medida de sus posibilidades individuales.

Pero en lo relativo a los demás, el primer deber consiste en respetar las decisiones que ellos toman acerca de su vida. No debemos reprocharnos mutuamente estrechez de ánimo, hipocresía o una intencionalidad poco noble. No debemos poner etiquetas ni clasificar a nadie.

Sólo cuando uno trata de comprender al otro, se puede crear un clima de confianza. Y sólo cuando uno se muestra abierto hacia las personas que piensan de modo distinto, que hablan otras lenguas, que creen, piensan y actúan de modo diferente, se puede preparar un acercamiento mutuo. La delicadeza se refleja, no en último lugar, en el vocabulario. Lleva a eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los demás, y que, por tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones con ellos.

Es conocido el extraordinario respeto que mostraba Tomás de Aquino hacia sus adversarios. Incluso cuando este gran filósofo de la Edad Media estaba completamente en desacuerdo con alguien, explicaba la idea contraria con los términos más favorables, claros y objetivos que le fuera posible, procurando no distorsionar el argumento con el fin de facilitar la prevalencia de su propia posición. En ocasiones demostraba tal imparcialidad a la hora de formular las posturas de los demás que las hacía parecer razonables y posibles; incluso, a veces, exponía las teorías con más convicción que sus instigadores [11].

Dar a conocer la propia identidad

Una persona que actúa según esta espiritualidad de diálogo, intenta dar a conocer todo lo que piensa, con claridad y suavidad, y adaptado a las circunstancias de cada caso. No busca compromisos baratos, sabiendo que no hay nada tan ajeno a la paz como una actitud relativista o indiferente ante la verdad. Por lo contrario, quiere hacer participar a los demás de las soluciones que ha encontrado.

Asimismo, para ganar en sinceridad en cualquier relación humana, es conveniente y necesario, dar a conocer la propia identidad. El otro quiere saber quién soy yo, y yo quiero saber quién es él. Si hacemos amistad con una persona de otra raza o nación, otro partido político o confesión religiosa, nos interesa realmente lo que piensa y cree. Si reprimimos las diferencias y nos acostumbramos a callarlo todo, previa conformidad tácita, tal vez podamos gozar durante algún tiempo de una armonía aparente. Pero en el fondo, nos moveríamos en un ambiente de confusión. No nos aceptaríamos mutuamente tal como somos en realidad, y nuestra relación se tornaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería. En cambio, cuando seguimos cada uno fielmente nuestras propias convicciones, puede parecer, en ciertas circunstancias, que tenemos poco en común, que estamos bastante alejados los unos de los otros. Pero interiormente nos parecemos mucho más que cuando nos juntamos en acuerdos superficiales y dejamos de lado la pregunta por la verdad. Si cada uno sigue su propia luz interior, nos encontramos unidos en lo más hondo de nuestro ser. Tenemos la misma actitud fundamental que es la fidelidad a la propia conciencia. Existe entre nosotros una unidad no plenamente visible, pero sumamente real. Es tan real como la amistad que nos une.

Enriquecerse mutuamente

El diálogo consiste en dar y recibir; significa que ambas partes se escuchan atentamente, con ánimos de aprender, ya que "en todo comentario serio de un oponente se expresa una de las muchas facetas de la realidad" [12].

Es preciso distinguir entre lo fundamental (en lo que no podemos ceder sin cambiar nuestra identidad) y lo accidental (en lo que caben muchas opiniones distintas). El tener una sola postura, en cosas accidentales, es propio de ideologías. John Henry Newman comenta al respecto: "Siempre ha habido posturas diferentes... (en la vida intelectual y espiritual), y siempre las habrá. Si se terminaran para siempre, sería porque habría cesado toda vida espiritual e intelectual" [13]. Y Kierkegaard afirma que una persona se convierte en aburguesada, si absolutiza las cosas relativas [14].

Es enriquecedor conocer los pensamientos de los otros. Así se pueden corregir algunas posturas propias que tal vez se han vuelto exageradamente rígidas. En este sentido advierte San Agustín: "Que ninguno de nosotros diga que ya ha encontrado la verdad. Vamos a buscarla de tal manera, como si fuera desconocida para los dos. Entonces podemos buscarla con suma diligencia y caridad. Para ello es necesario que nadie piense arrogantemente que ya ha encontrado la verdad" [15].

Así, al final de un diálogo, nunca habrá un vencido y un vencedor; en el mejor de los casos encontraremos a dos (convencidos por la verdad).

Nota final

El diálogo nos exige buscar la propia identidad y superar aversiones y polémicas. Es un camino hacia la madurez y la paz. No siempre es fácil, pero nos ayuda a abrir las puertas (en vez de cerrar las fronteras) y a ver lo bueno en los demás (en vez de reprocharles su modo de ser diferentes). Aunque se producirán malentendidos y sufriremos decepciones, mientras los hombres vivan sobre la tierra, a través del diálogo podemos acercarnos, siempre de nuevo, al otro. Por esto es tan importante educar en el arte de practicarlo.

Notas

[1] Cf. P. HAHNE, Schluss mit lustig. Das Ende der Spassgesellschaft, Lahr/Schwarzwald 2005, p.119.

[2] F. M. DOSTOIEVSKI, cit. en Anselm GRÜN, 50 Engel für das Jahr, Freiburg-Basel-Wien 2000, p.53.

[3] Así, por ejemplo, Tonino GUERRA, el "poeta" que inspiraba al gran director de cine Federico Fellini, lanzó hace algún tiempo una provocación atrevida: "Apaguemos todos los televisores durante un año, verán cómo los valores, la fantasía y la espiritualidad renacerán en el corazón de todos." Cf. Las sanas provocaciones del Festival del Cine Espiritual, Agencia internacional "Zenit", 19-XI-1998.

[4] H. GIESECKE, Wozu ist die Schule da? Die neue Rolle von Eltern und Lehrern, 2ª ed. Stuttgart 1997, p.38.

[5] D. BONHOEFFER, Predigten, Auslegungen, Meditationen I, 1984, pp.196-202.

[6] J.L. MARTÍN DESCALZO, Razones para la alegría, 8ª ed., Madrid 1988, p.42.

[7] TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae I-IIae q.109, a.1, ad 1.

[8] W. KASPER, Ein Herr, ein Glaube, eine Taufe, en "Stimmen der Zeit" (2002/2), p.75.

[9] Cf. R. BUTTIGLIONE: Zur Philosophie von Karol Wojtyla, en Johannes Paul II., Zeuge des Evangeliums, ed. por St. HORN y A. RIEBEL, Würzburg 1999, pp.36 y39.

[10] JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Barcelona 1994, p.160.

[11] Cf. J.PIEPER, Guide to Thomas Aquinas, Notre Dame/Indiana 1987, p.77.

[12] Ibid., pp. 83s.

[13] J. H. NEWMAN, cit. por J. L. MARTÍN DESCALZO, Razones para el amor, Madrid 1991, p.47.

[14] S. KIERKEGAARD, cit. en P. HAHNE, Schluss mit lustig. Das Ende der Spassgesellschaft, cit., p.73. 15 SAN AGUSTÍN, Contra epistolam quam vocant fundamenti, Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum 25, 195.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Colisionador LHC "¿La máquina de Dios?"

Ayer funcionó con éxito el más grande colisionador de hadrones que tiene el mundo. Es un anillo de 27 Km de diámetro, que se encuentra a 100 m de profundidad, en la frontera entre Suiza y Francia. Hará girar protones positivos en un sentido del anillo y negativos en el otro. Se alcanzarán velocidades cercanas a la de la luz para luego hacerlos chocar. El experimento más importante de la historia tiene dos fines: verificar la teoría de partículas más aceptado: para ello habría que encontrar el bosón de Higgs, partícula por ahora teórica. El otro objetivo es recrear, en pequeño, los primeros instantes del Big Bang, de allí el nombre de "máquina de Dios". Estimo que este es un nombre que contradice el segundo mandamiento "No tomarás el nombre de Dios en vano". Mejor llamarlo simplemente por sus siglas LHC (Large Hadron Collider).

jueves, 14 de agosto de 2008

Alcoholismo

Noción. Ordinariamente se aplica el nombre de e. a la pérdida total o parcial de la conciencia, debida a la intoxicación por el alcohol etílico (v. ALCOHOLISMO) o por otras bebidas (v.) espirituosas. La e. puede ser total o incompleta: en la e. total hay una pérdida absoluta del control de conciencia; en la e. incompleta no se llega a ese estado, aunque se embotan las potencias intelectuales y disminuye la capacidad de una actuación moral, libre y responsable. Algunos autores distinguen también la e. como acto (e. activa) y la e. como estado (e. pasiva), refiriéndose con la primera expresión al acto de embriagarse, es decir, al acto de tomar vino o licor en cantidad suficiente para provocar el estado de e. En realidad, aunque puede hablarse del acto de e. (sobre todo cuando desde el principio se bebe con intención de llegar a la e.), la e. propiamente dicha es el estado subsiguiente, que no viene calificado moralmente por sí mismo, puesto que no es en sí misma una culpa, sino el efecto de una culpa, pero que se hace imputable al sujeto en virtud de la voluntariedad con que haya puesto los medios para llegar a la e.

Malicia. Conviene advertir que todas las consideraciones morales que se hagan a propósito de este tipo de e. pueden aplicarse también, prácticamente, a la pérdida de conciencia que sea consecuencia de la suministración de drogas.

El pecado de e. es reprobado repetidamente por la S. E. «Los ebrios ... no poseerán el reino de Dios» (1 Cor 6,10; cfr. Gal 5,21; 1 Cor 5,11; Rom 13,13; Luc 21,34); «Ay de los que se levantan con el alba para seguir la embriaguez, y se quedan por la noche hasta que el vino les enciende» (Is 5,11); cfr. también Prv 23,29; Sap 19,1; Is 28,7. Los Padres de la Iglesia y los teólogos son unánimes en condenar severamente este vicio (cfr., p. ej., Santo Tomás, Sum. Th. 2-2 gl50 a2). La e. completa o total es pecado mortal, si se trata de una e. prevista y querida. Esta gravedad no reside en el simple exceso de bebida (v. TEMPLANZA), ni en su mera voluntariedad, ni siquiera en la pérdida momentánea del uso de la razón en sí misma, sino en la irracional suspensión temporal de los poderes intelectuales y en la inhibición, sin motivo suficiente, de la censura moral, hechos éstos que al coexistir con una cierta capacidad de actuación hacen además posibles actos lesivos a la ley de Dios, que quizá no se cometerían.

La calificación moral de la e. se diferencia esencialmente, por estas razones, de la pérdida de conciencia que se verifica en la anestesia total o en otras situaciones semejantes, motivadas por un fin terapéutico, es decir, razonable (v. DROGAS III). En estos casos el motivo justo y suficientemente grave equilibra los inconvenientes de la pérdida momentánea de la conciencia, mientras que la e. ilícita obedece a motivos de goce sensible o se busca como un medio (inadecuado e ineficaz, por otra parte) para huir de situaciones difíciles o para evitar momentáneamente ciertas responsabilidades. El envilecimiento de la condición humana, las actitudes inmorales y repugnantes que pueden aparecer durante la e., el daño que se causa a la salud corporal (especialmente con la e. repetida y habitual), los perjuicios acarreados a la armonía familiar y a la convivencia social, y el riesgo de contraer una verdadera esclavitud (dipsomanía) con respecto a las bebidas embriagantes, son otros motivos que contribuyen a configurar la gravedad moral de este pecado.

Cuando la e. no es completa, de ordinario no hay materia grave y no se llega al pecado mortal, pero por circunstancias especiales podría también llegarse: p. ej., por razón del escándalo que se produzca; por el daño que se cause, a sí mismo o a otros; por la intención torcida que haya motivado la e. parcial, etc. Los pecados que se cometen en estado de e. completa no son imputables en sí mismos, puesto que se realizan sin advertencia -la imputabilidad directa existirá en mayor o menor grado según sea mayor o menor el uso de razón que entonces se tenga-, pero son imputables en su causa (que es la e. misma) si se previeron al menos confusamente antes de embriagarse, o si se pudieron y debieron prever. Esta imputabilidad de los efectos puede disminuir o incluso desaparecer cuando la e. es fruto de impulsos anormales e incoercibles -como sucede en la auténtica dipsomanía-, que quitan al sujeto la posibilidad de resistir a la tendencia a beber; aunque por otra parte la dipsomanía misma no deje de ser a veces imputable, si no se pusieron a tiempo los medios adecuados para evitarla.

El deber de una abstinencia completa de las bebidas alcohólicas no puede demostrarse por la S. E. ni por la práctica de la Iglesia ni por motivos de razón natural. A este respecto, recuérdese, p. ej., el milagro de la conversión del agua en vino en Caná de Galilea (lo 2,1-11), el vino que Jesús tomó con los Apóstoles antes de instituir la Eucaristía (Le 22,17-18), la elección del vino como materia de ese mismo sacramento (Le 22,20 y paralelos), el consejo de Pablo a Timoteo (1 Tim 5,23), etc. Estos testimonios -y el que ofrece la conciencia cristiana en todas las épocas- demuestran incluso cómo un uso de las bebidas alcohólicas, moderado por la templanza, pueda ser positivamente bueno, por motivos de convivencia, de relación social, como estimulante ligero, etc.

No obstante, en particulares circunstancias es de alabar una libre y ponderada abstinencia, querida por motivos sobrenaturales, p. ej., la caridad fraterna: «Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece, o se escandalice, o flaquee» (Rom 14,21). Esa abstinencia puede incluso llegar a constituir un deber personal en determinadas ocasiones: como medio de lucha contra malos hábitos ya adquiridos en este campo; como medio apostólico y pastoral para el trabajo entre una población. fuertemente dominada por el alcoholismo; porque así lo exijan las circunstancias (por prudencia o por ley positiva) en caso de conductores de automóviles, pilotos de aviones, etc., o en general cuando se trata de profesiones para cuyo ejercicio se requiere una completa abstinencia.

La responsabilidad moral de la e. se extiende también a los que cooperan en la e. ajena, bien negativamente (cuando no se impide la e. de otro, pudiendo y debiendo hacerlo), bien positivamente (cuando se facilita directamente la e., animando, proporcionando con ese fin la bebida necesaria, etc.). La gravedad moral de la cooperación aumenta cuando tiene además como objeto otros fines ilícitos (corrupción, seducción, etc.), que piensan conseguirse cuando la e. impida la resistencia del sujeto.

Medios espirituales contra el alcoholismo. Paralelamente a las iniciativas surgidas para combatir el alcoholismo desde un punto de vista social y meramente humano, han surgido otras que, haciendo hincapié en motivaciones de orden sobrenatural, han colaborado a disminuir su extensión. Desde ese punto de vista merece destacarse la labor dal capuchino irlandés Theobald Mathew, que en 1837 funda la Liga de la Cruz, dando origen a un movimiento que se extendió después a Estados Unidos (donde fue confirmado por los Concilios de Baltimore, 1840 y 1884, y por el Sínodo de Cincinnati), Inglaterra, Francia, Polonia, Lituania, Bélgica, etc. El objetivo fundamental era el de conseguir una promesa de abstinencia que sirviera de dique al alcoholismo, al mismo tiempo que se realizaba una labor de propaganda para dar a conocer los malos efectos económicos, sociales y fisiológicos del alcoholismo; su relación con la decadencia del individuo, arruinando su salud, la inteligencia, la libertad; con la decadencia de la familia, y con la de la sociedad, etc. (cfr. Carta del Card. Merry del Val al presidente de la Ligue Internationale Catholique contre l' alcoolisme, 23 abr. 1914: AAS 6, 1914, 266-247).

También en un plano individual, siendo la e. y el alcoholismo contrarios a la templanza, uno de los más eficaces remedios será precisamente la práctica de esta virtud. En general, tratándose de estados de intoxicación crónica, pueden aplicarse a la e. habitual los mismos criterios que se indican a propósito de las drogas, aunque el alcoholismo presente mejores posibilidades de curación que otras toxicomanías (v.). No obstante, es indispensable una colaboración entre la asistencia espiritual y los otros medios (sociales, médicos, psicológicos, etc.) que se empleen. La gran proporción de alcoholizados con una situación familiar irregular, con anomalías de personalidad, en desfavorables condiciones de habitación y trabajo, etc., indica que el problema ha de afrontarse en diversos campos. Entre los consejos ascéticos específicos, pueden destacarse la huida de las ocasiones, la conveniencia de evitar el ocio y lógicamente la necesidad de abandonar la bebida (recurriendo incluso a centros especializados) aunque, como es obvio, este punto sea el que se trata de conseguir y sea difícil que el interesado lo cumpla. La labor espiritual, sobre todo, consistirá por eso en preparar el alma y fortificarla, para que la conciencia -llegando a tener sensibilidad ante las exigencias de la Voluntad de Dios- pueda hacerse fuerte en motivos sobrenaturales y cuente con más resortes para vencer la tentación hacia la embriaguez.

sábado, 5 de julio de 2008

Zaragoza: Agua y desarrollo sustentable -14/7 al14/9

La Tribuna del Agua es la propuesta de pensamiento que ha sido creada, junto a la oferta expositiva, lúdica y cultural para responder a las necesidades de una Exposición Internacional que nace de la voluntad de realizar un ejercicio de reflexión, debate y encuentro de soluciones en relación con el agua y la sostenibilidad.



Recopilar y sintetizar conocimiento universal para contribuir a reorientar y mejorar los modelos y sistemas vigentes en materia de agua y desarrollo sostenible para el siglo XXI, todo ello bajo la óptica de la innovación. Este objetivo será alcanzado mediante el desarrollo de una serie de procesos (Semanas Temáticas, Ágora, Eventos y Encuentros Paralelos) en los que intervendrán los más relevantes actores internacionales del panorama actual del agua.

La Tribuna del Agua, herramienta intelectual de Expo Zaragoza 2008, apunta con su misión al encuentro del conocimiento en materia de los temas más acuciantes de agua y desarrollo sostenible, para que se debatan, concilien, compendien, ordenen, destilen, editen, publiquen y difundan.

El Legado de la Tribuna del Agua, sintetizado en la Carta de Zaragoza, contribuirá a posicionar a Zaragoza como referente mundial en materia de agua ofreciendo su experiencia hídrica en beneficio de la cuenca del Mediterráneo y de los países de Iberoamérica.


Actividades

5 y 6 de julio
Foro Ético del Agua
(aforo completo)

5 de julio
R. de Corea en el pabellón de Tribuna del Agua


5 de julio
Cine del agua: programa 10


5 de julio
Argentina en el pabellón de Tribuna del Agua


5 de julio
Diálogo-entrevista Cristina Narbona - Pepa Roma

martes, 3 de junio de 2008

El deporte no siempre es salud

Por Federico Ferrero

Los deportes traen muchos beneficios, y en general un balance de los efectos sobre el organismo del deportista evidencia un saldo positivo, pero como en todas las disciplinas no todo puede ser color de rosas.

Estos males producto del deporte se acentúan a medida que su práctica se hace más exclusiva e intensiva, perdiéndose el equilibrio con otras posibles actividades a desarrollar.
Por otra parte, visto desde la situación del deporte actual, se puede considerar que se a tratado a los deportistas a lo largo de la historia como conejillos de indias en su actividad.

Tenemos el ejemplo de la natación. En un principio se creía que el rendimiento era directamente proporcional a la cantidad de metros recorridos durante los entrenamiento, llegándose a exigir jornadas completas dentro de la pileta, y a recorrer alrededor de 15.000 mts. por día. Estas prácticas llevaron en muchos casos no sólo a la pérdida de rendimiento deportivo, sino, por ejemplo, a lesiones irreversibles de columna producto de estilos como mariposa o pecho.

Estructuralismo

En el sentido amplio de la palabra, e. es toda teoría que sostiene la primacía de la estructura frente a las funciones, a la atomización o a la indefinición de algo. En sentido restringido, e. es la teoría que se apoya en el modelo estructural de la Lingüística: actualmente es el sentido más usual, y a él nos referimos aquí. El e. es un movimiento ideológico, nacido en la primera mitad del s. xx, de carácter no esencialmente filosófico. Originariamente quiere ser un método científico-cultural que, en unos casos, arrastra adherencias filosóficas y, en otros, desemboca en una filosofía.

El término e. tiene su origen en la Lingüística (v. tv), de donde pasó a las ciencias humanas que se inspiraron en el modelo lingüístico; en principio, el e. es la aplicación de un modelo lingüístico a la antropología y a las ciencias sociales. Se vincula a la orientación fonológica de la Lingüística (v.), representada primero por F. De Saussure y más tarde por N. Troubetzkoy, R. Jakobson, A. Martinet y otros. El e. trabaja con el «análisis estructural», aplicado por el investigador a un sistema de significación para, en la medida de lo posible, describirlo y captar las reglas de su funcionamiento. El análisis estructural se refiere al sistema de significación en sí (le structural), prescindiendo de la cuestión de hasta qué punto el sistema de signos corresponde a la realidad «objetiva» (le structurel), mentada por esos signos. Por la aplicación de este método podemos considerar como pionero del e. a Claude Lévi-Strauss (v.) en el campo de la Etnografía. También ha sido aplicado a la crítica literaria por Serge Doubrousky, Roland Barthes y Michel Foucault (este último es el filósofo más representativo del grupo); a la interpretación de Marx, por Louis Althusser; al psicoanálisis, por Jacques Lacan. La revista «Cahiers pour l'Analyse» ha polarizado a gran parte de los escritores estructuralistas.

1. Inteligibilidad del método estructuralista. F. De Sassure veía la Lingüística (v.) como parte de otra ciencia más amplia, la Semiología (v.), «ciencia de los signos»; la Lingüística tenía que ser una ciencia orientada al estudio de la vida de los signos (v.) en el seno de la vida social y de las leyes que los rigen (v. t. SIMBOLISMO). Después se habló de «estructura» (v.) allí donde los caracteres de los elementos dependen completa o parcialmente de los de la totalidad. Roland Barthes describe el análisis estructural en dos pasos: 1° En un primer paso (découpage o fraccionamiento) se definen las estructuras elementales que componen el sistema que se investiga; y se definen precisamente no por su «sustancia», sino por sus relaciones con otras unidades. 2° En un segundo paso (agencement u ordenación) es preciso descubrir en las estructuras elementales las distintas reglas de asociación y composición, según las cuales se construyen las estructuras más complejas.

Así, pues, el e. apunta primariamente no a las cuestiones de origen y de génesis, de mutuo influjo y de propagación de los lenguajes, sino al sistema interno de un lenguaje (v.). Llevado a sus últimas consecuencias, este punto de vista desemboca en la afirmación de que los conceptos científicos sólo tienen validez y sentido dentro del marco de la respectiva teoría (V. TEORÍA CIENTÍFICA). El estructuralista no se contenta con describir la estructura elemental de un sistema, sino que intenta integrar éste en la correspondiente y más compleja estructura de otro sistema.

De esta suerte, la actividad estructuralista supone una serie de oposiciones, susceptibles de ser reducidas a tres binomios fundamentales: lengua-habla, sincronía-diacronía, significante-significado.

1) Lengua y habla. De Saussure introdujo la distinción entre lengua (v.; institución social de signos codificables) y habla (el lenguaje, v., en cuanto que es concretamente hablado por un individuo). El objeto propio de la Lingüística es la lengua, la estructura permanente de un idioma. Así entendida, la Lingüística debe estudiar, por una parte, los estados del sistema, constituyéndose así como Lingüística sincrónica; y debe estudiar, por otra parte, los acontecimientos en el sistema, constituyéndose como Lingüística diacrónica.

2) Sincronía y diacronía. La Lingüística sincrónica estudia todo lo que concierne a la lengua en el interior del mismo ámbito, mientras que el habla se dispersa en los registros de la psicología y fisiología, y no puede constituir el objeto de una disciplina específica. Las estructuras diacrónicas no son vistas como productos de un fluir continuo, sino como el reajuste de la lengua. La diacronía está subordinada a la sincronía.

3) Significante y significado. Siendo el lenguaje un sistema orgánico de signos (v. SIGNO LINGÜíSTico), debemos distinguir entre significante (la parte del signo que es `materializada', es decir, perceptible, visible u oíble) y el significado (la parte que en el signo está escondida, es `inmaterial', es el sentido). El signo se constituye por rasgos diferenciales. El sistema es siempre un sistema de signos, resultante de la determinación mutua de la cadena sonora del significante y de la cadena conceptual del significado. En esta determinación mutua, no importan los términos considerados individualmente, sino los rasgos diferenciables; las diferencias de sonido y de sentido y sus mutuas relaciones constituyen el sistema de signos de una lengua. La estructura se define así por los rasgos de «sistematicidad», «relación opositiva» y «clausura». Sistematicidad, en primer lugar, pues el lenguaje no se reduce a los acontecimientos, fluctuaciones y cambios: hay una constancia que hace a una lengua ser una lengua, idéntica a sí misma en todas sus variaciones (de ahí la dualidad «procesos-sistema», sostenida en el binomio «habla-lengua» de De Saussure, en el binomio «uso-esquema» de L. Hjelmslev, en el binomio «acontecimiento-estructura» de Lévi-Strauss). Relación opositiva, en segundo lugar, pues el sistema debe ser descrito en términos estrictamente relacionales: no es suficiente considerar las significaciones como pegadas a los signos aislados, como etiquetas en una nomenclatura heterogénea, sino considerar los valores relativos, opositivos de estos signos en sus relaciones mutuas. Clausura, en tercer lugar, pues el conjunto de signos debe verse como algo cerrado, a fin de someterlo a análisis. La estructura queda definida así como «entidad autónoma de dependencias internas».

Con lo dicho, resalta que el tipo de inteligibilidad del e. se logra siempre que se pueda trabajar sobre un sistema constituido y clauso, estableciendo inventarios de elementos y de unidades lingüísticas, y situando estos elementos o unidades en relaciones de oposición, preferentemente binaria; después hay que establecer un álgebra (v.) o una combinatoria de estos elementos y de sus binomios de oposición.

Es obvio que la «lengua» es el aspecto del lenguaje que se presta a este inventario. En este nivel de inteligibilidad radican las limitaciones internas de los estructuralismos. Así las cosas, el e. no es una teoría filosófica sino un método, el cual intenta representarse los hechos (psicológicos o sociales) en la forma de un modelo abstracto.

2. La ideología estructuralista. El e. hunde sus raíces en el suelo de la filosofía inmediatamente precedente; fundamentalmente del racionalismo (v.; que prefiere el sistema determinístico a la persona) y del existencialismo (v.; que prefiere los problemas del yo concreto, desinteresándose en parte de la realidad exterior). El e. admite en parte el racionalismo, en su deseo de lograr la plena objetividad racional: subrayando la existencia de la naturaleza de las cosas; afirmando la posibilidad de un conocimiento de la misma, susceptible de traducirse en una teoría lógica formalizada matemáticamente; buscando las invariantes en el cambio, el sistema en los conjuntos. Y admite, en parte, también, el existencialismo: rehusando la noción de progreso histórico y la concepción triunfalista de la razón; integrando un elemento afectivo en el inconsciente. Pues bien, el método anteriormente descrito responde a las exigencias de explicar esa magnitud desconocida, inconsciente, la cual da su orden a lo conocido y consciente. La ideología estructuralista resulta de la generalización de los principios metódicos arriba esbozados. A continuación daremos un breve elenco de los principales términos en litigio.

1) Código-sentido. El análisis estructural se limita al código del pensamiento objetivo, tal y como se encuentra en las estructuras del lenguaje, independientes del sentido real y concreto que el sujeto le imprime cuando actualmente habla. A juicio de Lévi-Strauss, la Lingüística nos pone en presencia de un ser dialéctico y totalizante, pero exterior (o inferior) a la conciencia y a la voluntad. «Totalización no reflexiva, la lengua es una razón humana que tiene sus razones, y que el hombre no conoce» (El pensamiento salvaje, México 1964, 363).

2) Inconsciente-consciente. El hombre está inconscientemente sometido a las estructuras lingüísticas. De esta suerte, el inconsciente (v.) es un «sistema categorial», en el sentido kantiano, pero sin relación a un sujeto hablante. Este inconsciente puede definirse como algo homogéneo a la naturaleza; la conciencia (v.), centrada sobre el yo, es en realidad el producto y el resultado de múltiples influencias. El inconsciente puede ser detectado, en el mismo individuo, por las técnicas de análisis; en Etnografía, por el estudio de los mitos y -símbolos (Lévi-Strauss); asimismo, en Lingüística, viendo en la lengua el reflejo del alma de los pueblos: cada época es la manifestación superficial de profundas corrientes y, para hallarlas, hay que proceder a una función de arqueología, al término de la cual puede decirse que el hombre es «ese ser cuyo pensamiento está infinitamente tramado con lo impensado» (Foucault, Les mots et les choses, París 1966, 361).

3) Estructura-praxis. Al relacionarse con el marxismo, la ideología estructuralista ha querido poner de manifiesto la relación de estructura y praxis. Marx afirmó que los «filósofos se han dedicado a la interpretación del mundo, pero lo que se necesita es transformarlo»; para Marx (v.), la idea es impotente, y para convertirse en ideafuerza necesita que el proletariado la haga teórica y prácticamente suya. Esta teoría-praxis o este decir-hacer es diacrónico, pues se extiende a lo largo de la historia; de ahí el historicismo (v.) esencial del sistema de Marx. Pero el e. se opone a toda forma de historicismo; lo que Marx interpreta como una continua evolución historicista podrá ser a lo sumo entendido por el e. diacrónicamente, como una sucesión de reestructuraciones; el concepto que Marx tiene de la estructura, como producida por las fuerzas dialécticas en vigor, no se presta en absoluto a ser aplicado a un sistema cerrado y formalizado. Por eso, Althusser piensa que la unidad de infraestructurasupraestructura es ella misma estructural, es decir, relacional-sistemática. Para Althusser los conceptos de «socialismo» (v.) y de «humanismo» (v.) son incompatibles, pues desde el punto de vista marxista-estructuralista el primero es «científico», mientras que el segundo es «ideológico»; la historia (v.) no se debe comprender desde el concepto «hombre», sino desde la categoría de «estructura»; la historia no tiene un sentido humanístico, sino social-estructural. Si para Marx «teoría y praxis» van indisolublemente unidas, el e. de Althusser las desconecta; la dimensión de la «opción» marxista queda relegada al plano voluntarista, que es propio de la política, pero no de la teoría. El e. reduce al marxismo a pura «teoría científica», la cual tendría su contrapartida, en el plano político, en el comunismo (v.) con sus normas de acción.

4) Estructura-historia. El cosmos es un sistema cerrado y también lo es, por consiguiente, la humanidad; ésta queda incluso sometida a la ley de la entropía (LéviStrauss). La «historia», como proceso de liberación, el «futuro» como existencia más plena, la «esperanza» y parecidas categorías humanísticas, son típicas ilusiones occidentales, pero que están condenadas al fracaso.

Como balance general, se puede decir que el e. reacciona contra el acosmismo existencialista que, al aislar artificialmente el yo, establece una escisión radical entre el hombre y la naturaleza. La ligazón a la naturaleza, operada por el e., impide el delirio intemperante de la libertad, el lirismo de los temas de la angustia y las tentaciones del subjetivismo. Pero, de rechazo, el fenómeno «hombre» se convierte en un epifenómeno. Los hombres, así, no inventarían la lengua, el sistema de parentesco o el sistema de los mitos, sino todo lo contrario, éstos conducirían, envolverían y comprenderían a los individuos. Objeción fundamental al e. es, pues, que el hombre queda así envuelto o inmerso, disuelto, en la «objetividad» de la estructura. De esta suerte, el e. puede hacer la afirmación de que «el hombre ha muerto».

El e., como ideología o como sistema, es inconsistente ante las objeciones que cabe hacer a cualquier forma de positivismo (v.) concebido como método exclusivo de conocimiento (v. CIENCIA vii, 2-3); no es capaz de explicar o admitir realidades incuestionables como la libertad y responsabilidad, la moralidad, la persona humana, el sentido mismo de la existencia, etc. Como método, el e. resulta eficaz para determinados estudios en diversos campos, como la Lingüística, la Lógica, para encontrar las constantes o invariantes que se dan en diversas formas de la sociedad y de la cultura, etc.